ODAS DE HORACIO- LIBRO III- XXVII A GALATEA

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ODAS DE HORACIO- LIBRO III- XXVII A GALATEA

Mensaje por Roana Varela el Jue Dic 26, 2013 3:00 am

XXVII A GALATEA

Que el graznar del ave siniestra, los ladridos de la perra próxima a dar a luz, la zorra con sus hijuelos y la loba que merodea por los campos de Lanuvio, persigan en su ruta a los malvados; y la culebra los desvíe del camino derecho, lanzándose veloz como una saeta contra sus asustadizos caballos.
Yo, augur favorable para quien amo , rogaré que vuele desde la parte de Oriente el cuervo de feliz agüero antes que vuelva a sus estancadas lagunas el ave que adivina las lluvias inminentes.
Sé tan feliz cual deseas, y adondequiera que vayas acuérdate de mí, Galatea. Ojalá no impidan tu viaje el siniestro pico verde ni la vagabunda corneja.
¿Pero no ves qué tumultuosas borrascas levanta la caída de Oríon? Ya conozco las sombrías tempestades del Adriático y la perfidia engañosa del Yápige.
Sientan las esposas y los hijos de nuestros enemigos la rabia ciega del Austro amenazador y el bramido de las negras olas que estremecen las riberas.
Luego que la crédula Europa confió su cuerpo de nieve a las espaldas del fingido toro, palideció con espanto, a pesar de su audacia, viéndose rodeada de monstruos y expuesta a las insidias del mar.
Poco antes cogía flores en los prados para tejer coronas a las Ninfas; ahora, a la débil claridad de la noche, sólo distingue los astros en el cielo y el abismo a sus pies.
En el momento de arribar a Creta, poderosa por sus cien ciudades, exclamó: «¡0h padre, oh dulce nombre de hija por mi abandonado, oh piedad vencida por la locura!
»¿De dónde vengo? ¿Adónde he llegado? Una sola muerte es castigo harto leve de mis culpas. ¿Yo he podido cometer tan torpe maldad, o soy inocente y me engaña vana ilusión, hija de los falsos sueños que se deslizan por la puerta de marfil? ¿Cómo preferí la travesía de mares peligrosos a la ocupación de coger flores recientes?
Si alguien me pusiera delante el infame toro, le hundiría colérica el hierro en el costado, o rompería los cuernos del monstruo que me sedujo.
Sin pudor abandoné la casa de mis padres, sin pudor temo descender al Averno. ¡Oh dioses, si alguno de vosotros oye mis lamentos, permitid que vague con el cuerpo desnudo entre fieros leones, y que mi hermosura sirva de alimento a los tigres antes que las secas arrugas ajen mis sonrosadas mejillas, y pierda mi cuerpo el vigor y la frescura juvenil!
El padre ausente me increpa así con dureza: «Vil Europa, ¿a qué retardas tu muerte? Por fortuna no has perdido el ceñidor con que puedes suspenderte del olmo cercano, o si prefieres estrellarte en las duras rocas y en medio de los escollos, arrójate al mar proceloso, y así evitarás, retoño de sangre real, el ultraje de hilar como sierva la lana, y obedecer a una rival extranjera.» Oyó estas quejas Venus sonriendo malignamente, y Cupido con la aljaba depuesta; y después de burlarse cuanto quiso de sus penas, exclamó: «No te dejes arrebatar por la cólera y el furor cuando ese toro aborrecido humille ante ti sus cuernos que pretendes destrozar.
»Sin saberlo eres la esposa del invicto Jove; basta de sollozos, y aprende a enorgullecerte de tu singular fortuna; una gran parte del mundo llevará tu nombre.»
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