EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO XXXIII

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Mensaje por Marcela Noemí Silva Vie Mayo 02, 2014 11:49 pm

LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO  XXXIII  Divina10




LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO XXXIII

Canto XXXIII
Baño en el río Eunoe y logro de la liberación total.

“Deus, venerunt gentes”, alternando
ora las tres ora las cuatro, dulce salmodia
las damas comenzaron, y lagrimando:

y Beatriz, suspirosa y pía,
las escuchaba tal mudada
como en la cruz se cambió María.

Mas luego que las otras vírgenes dieron lugar
a que ella hablara, alzada derecha en pie,
respondió, encendida como el fuego:

“Modicum, et non videbitis me;
et iterum, hermanas mías dilectas,
modicum, et vos videbitis me”.

Luego reunió delante a las siete,
y tras ella, con un ademán, me puso
a mí y a la dama y al sabio que se había quedado.

Así marchaba; y no creo que hubiese
en tierra su décimo paso puesto,
cuando mis ojos con sus ojos hirió

y con tranquilo aspecto: Ven más de prisa,
me dijo, para que, si hablo contigo,
a escucharme estés bien dispuesto.

Tan pronto estuve, como quería, consigo,
me dijo: Hermano, ¿por qué no te atreves
a preguntarme ya que vienes conmigo?

Como aquellos que por demás reverentes
ante superiores que están hablando,
no sacan la voz viva de entre los dientes,

me ocurrió a mí, que sin sonido entero
comencé: Señora, mis indigencias
las conocéis, y lo que a ellas es bueno.

Y ella a mí: De temor y de vergüenza
quiero que de ahora en más te desentiendas,
para que no hables más como hombre que sueña.

Sabe que el vaso que la serpiente rompió
fue y no es; mas quien no tiene culpa, crea
que la venganza de Dios no teme sopa.

No siempre quedará sin herencia
el águila que sus plumas dejó en el carro,
para que fuera monstruo y después presa;

que veo ciertamente, y por eso lo narro,
que ya le otorgarán un tiempo estrellas cercanas,
que a salvo están de todo obstáculo y barrera,

en el cual un quinientos diez y cinco,
enviado de Dios, matará a la ratera9
con aquel gigante que delinque con ella.

Y quizá mi profecía oscura
cual de Temis y de Esfinge, menos te persuada,
porque a su modo al intelecto ofusca;

mas pronto los hechos serán las Náyades,
que resolverán este fuerte enigma
sin daño ni de ovejas ni de avenas.

Tú anota; y así como mis labios las vierten,
así enseña estas palabras a los vivos
del vivir que es un correr a la muerte;

y ten en mente, cuando las escribas,
de no ocultar cómo has visto la planta
que fue aquí robada dos veces.

Quienquiera roba o arranca la planta
con blasfemia de hecho ofende a Dios,
que sólo para su uso la creó santa.

Por morderla, en dolor y en deseo
cinco mil años y más el alma primera
ansió al que al mordisco castigó en sí mismo.

Duerme tu ingenio, si no estima
que por singular razón ella es excelsa
tanto y tan transmutada en la cima.

Y si no hubieran sido agua del Elsa
los vanos pensamientos entorno a tu mente,
y su placer un Píramo para la mora,

por tantas circunstancias solamente
la justicia de Dios, en el interdicto,
al árbol conocerías moralmente.

Pero como te veo en el intelecto
hecho de piedra y, empedrado, teñido,
tanto que la luz te ciega mis dichos,

quiero que si no escritos, dibujados al menos,
te los lleves adentro de ti por lo mismo
que el bordón se lleva de palmas ceñido.

Y yo: Así como la cera del sello,
la figura impresa no trasmuta,
así está sellado ahora por ti mi cerebro.

Mas ¿por qué tanto de mi visión
vuestra deseada palabra vuela
que más la pierde cuanto más se ayuda?

Porque conoces, dijo, aquella escuela
que has seguido, y analizas su doctrina
de cómo pueda seguir tras mis palabras;

y ves cómo vuestra vía de la divina
tanto es distante, cuanto se desacuerda
la tierra del cielo que más alto festina.

Por donde le repuse: No me recuerdo
que me desviase nunca antes de vos,
ni tengo conciencia que me remuerda de ello.

Y si de ello memoria no tienes,
sonriendo respondió, ahora recuerda
sin embargo cómo bebiste del Lete;

y si del humo el fuego se argumenta,
este olvido claramente concluye
culpa en tu voluntad en otras cosas atenta.

En verdad de ahora en más serán desnudas
mis palabras, cuanto sea preciso
descubrirlas a tu vista ruda.

Y más corusco y con más lentos pasos
custodiaba el Sol el cerco meridiano,
que aquí y allá, como los aspectos, muda,

cuando se detuvieron, como se detiene
quien va delante de gente en escolta
si encuentra novedad o sus vestigios,

las siete damas al fin de una tenue sombra,
como la que bajo hojas verdes y negros ramos
sobre sus fríos ríos los Alpes portan.

Delante de ellas al Éufrates o al Tigris
me pareció verlos salir de una fontana,
y como amigos separarse pigres.

¡Oh luz, oh gloria de la gente humana!
¿qué agua es ésta que se despliega
de un principio y se divide lejana?

A tal ruego me fue dicho: Ruega
a Matilde que te lo diga. Y así repuso,
como hace quien de una culpa se disculpa,

la bella dama: Ésta y otras cosas
dichas le fueron por mí; y estoy segura
que el agua del Lete no se las ha escondido.

Y Beatriz: Tal vez mayores cuidados,
que muchas veces de la memoria privan,
han hecho de su mente la vista oscura.

Mas mira al Eunoe que allá deriva:
llévalo a él, y, como es tu estilo,
su marchitada virtud reaviva.

Como alma gentil, que no se excusa,
mas hace suya la voluntad ajena
no bien que un signo se la descubra;

así, luego que ella me tomara,
la bella dama avanzó, y a Estacio
donosamente dijo: ven con él.

Si tuviera, lector, más amplio espacio
para escribir, yo cantaría en aparte
el dulce beber que nunca me dejara sacio;

mas porque llenos están todas los pliegos
urdidos en esta cantiga segunda,
no me deja ir más allá del arte el freno.

Yo retorné de la santísima onda
así rehecho como plantas nuevas
renovadas con nueva fronda,

puro y dispuesto a subir a las estrellas.





Dante Alighieri


Marcela Noemí Silva
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