EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO V

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Mensaje por Marcela Noemí Silva el Lun Jun 30, 2014 2:19 am

LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO V Divina10



LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO V

Si yo te inflamo en el calor de amor
allende el modo que se ve en la tierra,
tanto que de tus ojos venzo el vigor,

no te maravilles; que ello procede
de perfecto ver que, como prende,
así en el bien prendido mueve el pie.

Bien veo como ya esplende
en tu intelecto la eterna luz,
que, vista, sola y siempre amor enciende;

y si otra cosa a vuestro amor seduce,
no es sino de aquella algún vestigio,
mal conocido, que aquí abajo trasluce.

Tú quieres saber si con otro servicio,
por voto falto, se puede obtener tanto
que proteja al alma de litigio.

Así comenzó Beatriz este canto;
y como quien su charla en dos no quiebra,
continuó así el proceso santo:

El mayor don que Dios por su largueza
hizo creando, y a su bondad
más conforme, y el que más aprecia,

fue la libertad de la voluntad;
de la cual las criaturas inteligentes,
todas y sólo ellas, fueron y están dotadas.

Ahora se te abrirá, si aquí argumentas,
el alto valor del voto, si es hecho de tal manera
que Dios consienta cuando tú consientes;

que, al afirmarse entre Dios y el hombre el pacto,
víctima se hace de este tesoro,
tal cual lo digo; y se hace con su acto.

Entonces ¿qué puede ofrecerse a cambio?
Si piensas bien usar lo que has donado,
de mal robado quieres hacer buena oferta.

Ahora estás del mayor punto cierto;
pero como la Santa Iglesia dispensa,
al parecer en contra de la verdad que te he abierto,

hay que sentarse un poco más a la mesa,
pues el rígido alimento que has tomado,
requiere aún de ayuda para absorberlo.

Abre la mente a lo que te manifiesto
y aférralo adentro; que no se hace ciencia,
sin retención de lo que se ha entendido.

Dos cosas hay necesarias a la esencia
de este sacrificio: la una es aquello
de lo que se hace; la otra es el acuerdo.

Este último nunca jamás se cancela
por no observado; y a este respecto
con precisión arriba se conversa:

pues necesario fue a los Hebreos
ofrecer siempre, aunque cuando alguna ofrenda
se permutara, como saberlo debes.

La otra, que por materia se te muestra,
puede bien ser tal, que no sea falta
si en otra materia se convierta.

Pero no trasmute la carga de sus espaldas
por su arbitrio alguien, sin la vuelta
de la llave blanca y la dorada;

y cree que toda permutación es insensata,
si la cosa dimitida en la suplente,
como el cuatro en el seis, no está encerrada.

Cualquier cosa que pese tanto
por su valor que incline la balanza,
con otro gasto no podrá satisfacerse.

No tomen los mortales el voto a chanza;
sed fieles, y al hacerlo no yerren,
como Jefté en su primera dádiva;

a quién mejor le convenía decir “Mal hice”,
que cumpliendo, hacer peor; y así estulto
juzgarás también al gran duque de los griegos,

cuando Ifigenia lloró su bello rostro,
e hizo llorar por ella a sabios y a locos
que oyeron el cumplimiento de tal culto.

Sed, cristianos, a moveros más formales:
no seáis como pluma al viento,
y no creáis que cualquier agua os lave.

Tenéis el viejo y el nuevo testamento,
y el pastor de la Iglesia que os guía:
que ello a vuestra salvación os baste.

Si mala avidez otra cosa os grita,
sed hombres, y no locas ovejas,
¡que el judío, de vosotros, entre vosotros, no se ría!

No hagáis como el cordero que la leche deja
de su madre, y simple y lascivo
consigo mismo a su placer, combate!

Así Beatriz a mí, como lo escribo;
luego volvióse deseosa toda
a aquella parte donde el mundo es más vivo.

Su callar y su mudar semblante
impuso silencio a mi voraz ingenio,
que ya nuevas cuestiones tenía delante;

y así como flecha, que la meta
alcanza antes que la cuerda muera,
así corrimos al segundo reino.

Allí a mi dama vi tan alegre,
que cuando en la luz de aquel cielo se puso,
más luciente se inflamó el planeta.

Y si mudóse y sonrió la estrella,
¡qué no me haría yo que por natura
trasmutable soy de mil maneras!

Como en pecera tranquila y pura
corren los peces a lo que cae de afuera
porque lo creen su pastura;

así más de mil vi esplendores
a nosotros viniendo, y en cada uno se oía:
¡He aquí quien acrecerá nuestros amores!

Y así como todos hacia nosotros venían,
veíanse las sombras llena de alegría
en el claro fulgor que surgía de ellas

Piensa, lector, si lo que aquí se inicia
no prosperara, cómo tendrías
de más saber angustiada carencia;

y por tí entenderás cuánto de ellos
deseaba oír yo las condiciones,
luego que a la vista me fueron manifiestos.

¡Oh bien nacido, a quien ver los tronos
del triunfo eterno la gracia otorga
antes que la militancia se abandone,

por la luz que por todo el cielo espacia
estamos encendidos; pero si aún deseas
saber más de nosotros, a tu placer te sacia.

Así por uno de aquellos espíritus píos
me fui dicho; y por Beatriz: Di, di,
con certeza, y créeles como a dioses.

Bien veo cómo te anidas
en tu propia luz, y que de tus ojos irradia,
porque corusca cuando ríes;

mas no sé quien eres ni porqué ocupas,
¡oh alma digna!, el grado de la esfera
que otros rayos a los mortales ocultan.

Esto dije yo directo a la lumbrera
que primero me había hablado; y entonces ella
volvióse aún más brillante de lo que antes era.

Así como el Sol él mismo se cela
por exceso de su luz, una vez que el calor
ha rasgado el velo de la espesa niebla,

feliz en su alegría de mí se escondió
en su rayo la figura santa;
y así encerrada, encerrada me repuso

de la manera como el siguiente canto canta.

Dante Alighieri


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