EL MIEDO DETRÁS DE TUS OJOS

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Mensaje por Armando Lopez el Lun Dic 29, 2014 4:40 am

EL MIEDO DETRÁS DE TUS OJOS



Cuando camino por las mismas calles que voy a mi trabajo, los días parecen páginas de un libro con hojas blancas, todo se vuelve simple, solo un viaje en donde los minutos y las horas se van acortando, un viaje donde tus instintos se adormecen, ver los mismos rostros, los mismos edificios, la misma gente que se pasea con sus tristes existencias queriendo hacer algo de dinero para poder vivir en esto que llaman sociedad.

Todo empieza a parecer vació, la pestilencia del trafico de vehículos gastados por el morbo y la ignorancia ya no dan mas curiosidad a los ojos de un sonámbulo de este circulo vicioso que se llama vida. Y cuando uno esta adormecido, casi nada lo hace sentir vivo, y en mi caso nada era lo que quedaba para regocijar mi alma en nuevas sensaciones.

Mi historia comienza cerca de las cuatro de la tarde de un día muy gris y solitario, recibí la llamada por la radio que me decía que tenía que dirigirme hacia el kilómetro ocho de una de las avenidas que alimentan esta ciudad de estúpidos e ignorantes. La rutina de siempre, preparar la cámara fotográfica profesional (si es que estos objetos inanimados algún día quisieron serlo), dirigirme al edificio del diario donde trabajo, llamarlo al chofer (gran tipo, un tanto alcohólico pero gran tipo, siempre me agrado su silencio), y dirigirnos a nuestro destino, habían atropellado a un hombre y estaba sin un brazo y a punto de perder la vida por falta de atención medica. Como ya deben suponer, soy fotógrafo de cosas sensacionalistas y morbosas por así decirlo, soy el genio encargado de la imagen de la sección policial de algún periódico local que es encuentra en alguna parte de la ciudad mas corrupta que pueda existir.

No teníamos mucho que hacer al llegar, al ver el cuadro yo me dedique a hacer lo mío preparar mis armas para ganarme la cerveza del próximo viernes, o si tengo suerte la bailarina que deleitara por unas horas mis instintos mas básicos. Cuando empecé a tomar las primeras fotos, me di cuenta que el tipo todavía estaba vivo, y como salido de un cuento de los mas terroríficos tomo mi brazo con la única extremidad superior que le quedaba, su mirada llego hasta mis ojos con una expresión vacía, una profundidad enferma de sufrimiento, enferma de miedo. Por accidente mi cámara llego a captar ese instante varias veces, y por accidente al revisar esa imagen, me sentí vivo de nuevo, sentí un regocijo extraño en mi alma, recordé vagamente las palabras que dijo Albert Einstein alguna vez “dejare de vivir cuando me dejen de asombrar las cosas mas simples”, y me di cuenta que no existía para mi nada complicado en ver el miedo que estaba en los ojos de ese hombre moribundo, que lo único que pudo hacer es tomar el brazo de la ultima persona que sus inertes pupilas verían.

Luego de hacer a un lado su gélida mano que apresaba mi brazo, lo deje ir, se sentía raro, ya que uno pierde uno punto tres grados de temperatura por minuto después de morir (trabajos como el que tengo te dan ese conocimiento), este hombre estaba totalmente frió, quizás por el efecto que tuvo la sangre caliente cuando abandono su cuerpo.

Cuando llegue al laboratorio del periódico, hice lo de siempre, pero esta vez en ves no iba a escuchar el típico Vivaldi y sus cuatro estaciones, cambie de humor y me puse un poco mas solemne, me dedique a escuchar Bach, y su aire de cuerdas número once. No se si les pasara lo mismo, pero cuando la vida se vuelve rutinaria uno comienza a escuchar una canción o un pedazo de música clásica repetidas veces sin darse cuenta, quien sabe, quizás esperemos que a la treintava ves que uno la escucha descubriríamos algo nuevo, algo que nadie en todos estos años lo ha hecho, hasta ahora lo único que he descubierto es que Bach me relaja, y me relaja bastante como para concentrarme en fotos de gente que esta a punto de desvanecerse.

Como mencione antes, en el preciso instante cuanto estaban a punto de revelarse las imágenes de mi cacería, volví a ver esos ojos, y entonces lo entendí nuevamente, el miedo alimenta mi espíritu, le daba una nueva forma extraña y hacia que la rutina deje de serlo. Comencé a amar mi trabajo de nuevo, todo lo que sabía de imágenes lo había perfeccionado a tal grado que los colores salían mas vivos en el insípido papel periódico, los tonos eran mas brillantes, y de alguna forma uno podía percibir el dolor que habían sufrido los participantes de este pequeño teatro de miseria humana.

Mis misiones, como las llamo, tenían esa exquisitez nuevamente, tenían ese sabor de vida que no se puede explicar, es como el sabor del cansancio que uno tiene cuando entrega un proyecto de algo y ese algo que agota, completa nuestra existencia. A veces, mis informantes me daban la oportunidad de llegar a tiempo para ver las pupilas de los que nos abandonan, otras veces llegaba tarde, pero no perdía el tiempo, mi cámara lograba captar el miedo de los curiosos, que aunque no eran participes de la escena, alimentaban mi hambre de miedo, como una rata puede alimentar a un vampiro en ayunas.

La próxima misión se trataba de algo especial, mis fuentes me mencionaron que habían acribillado a un par de ladrones de autos, nada me daba mas placer que ver sentir miedo a estos despojos de especie, todo me llenaba cuando sabia que esta clase de gente dejaría de robarnos aire a los que hacemos un poco de dinero con menos violencia. Cuando nos involucramos en la escena, el cuadro era similar al de otros que había visto, solo que había llegado a tiempo para sacar el último suspiro de uno de estos mal vivientes, como siempre, aliste mi cámara, me coloque en la posición de mejor luz y como todo un artista me dedique a sentir el suave sonido que hacia el obturador de mi cámara que parecía música sensual para mi espíritu. Volví a presenciar la mirada vacía y llena de miedo que sienten los que abandonan el mundo de los vivos y solo pensaba en una cosa, el momento que colocaría música clásica, o quien sabe, esta vez seria algo diferente, y me dedicaría a realizar el poético movimiento de acomodar mi arte poco a poco, y saborear el instante en donde aparecerían de nuevo estos colores que tenían un sabor especial, como pasteles que salen del horno, con sabores tan maravillosos que mis ojos no podían esperar para devorar.

Pero algo pasó esta vez, cuando volví a ver estos ojos y esperaba el sentimiento de placer, no sucedió nada, no sentí regocijo alguno, entonces me pareció que me estaba volviendo enfermo, me sentí preocupado y distinto, como que lo que había hecho no era suficiente, luego de meditar un instante pensé que quizás seria el cansancio había hecho que adormile mi sensación de placer y entonces le deje todas mis preocupaciones a mi cama.

Poco a poco, desperté en mi habitación, mire el cielo raso rasgado por la humedad y trate de imaginarme cosas con las manchas que aparecían en ese cuadro. Me gustaba despertar y verlas, a veces imaginaba nubes, otras veces rostros de personas, pero siempre llegaba a lo mismo, el rostro de una mujer sin nombre que permanecía por alguna razón oculta a mi imaginación. Después de unos minutos de esforzarme por ver cualquier cosa, no vi nada y entones volví preocuparme.

Cuando uno vive solo con su arte o su trabajo, siempre hace locuras como bailar estúpidamente, o cantar en el karaoke del silencio, yo suelo hablarme al espejo, suelo decirme que soy el mejor y que nadie va a conseguir igualar mi trabajo, siempre fantaseo con eso, esta vez no había palabras entre mi reflejo y yo, solo había silencio y preocupación, apresuré a cambiarme y a tomar mi transporte para la gran ciudad, en el fondo sabía que quería revisar si había perdido lo que era mío, lo que el miedo ajeno me entrego.

Caminé por las calles que antes mencione, y sentí que me faltaba el aire cuando me di cuenta que el reino de la exquisitez ya no existía, todos los rostros volvieron a hacerse difusos, las mismas palabras con los mismos compañeros de trabajo se sintieron vacías, ya no había música en el ruido del trafico, y tristemente durante una larga e insignificante semana comencé a perder mis colores, hasta el día donde todo se aclaró.

Mi jefe, el imbécil detrás del escritorio grande, el tarado dueño del peor humor del mundo, el comentario lascivo en medio de secretarias rebajadas por sueldos miserables, me llamó. Se habían dado cuenta que magia no estaba funcionando, y no quería perder a su genio, no quería saber de que sus paginas amarillas llenas del rojo que yo les daba se puedan marchitar. Como suelen hacer los buenos jefes, decidió que cambie de tono un poco, no me dio vacaciones, sino que me pidió que le tome fotografías al cumpleaños numero siete de su sobrino número…..a quien le importa, el muy pendejo nunca me dejaría de explotar. No me imaginaba lo que era ese cuadrito, un niño que apenas sabe diferenciar el arte de lo que yo hago de una de sus figuritas de sus héroes de acción, abriendo regalos mas caros que mi cámara, y algunos mas caros que mi educación. Amablemente acepte su propuesta, porque yo tampoco quería perder a un morboso que se deleitaba al ver los números de las ventas, casi tanto como yo me deleitaba haciendo lo mío, además, no voy a mentir, el desgraciado me pagaba muy bien.

Cuando sentí el sol quemar mis brazos a eso de las diez de la mañana, me di cuenta que casi nunca estaba despierto a esa hora, pero no me preocupe, decidí hacer mis cosas y acabar con ese infame día de fotógrafo de pañales.

Estaba a punto de terminar mi segundo rollo de fotografías de niños llenos de imaginación que olía a podredumbre de televisión cuando percate de algo, algo que, aunque veía a cada enano posando como si fuera el mejor día de su vida, y otros se dedicaban a observar atónitos el ultimo x-box de sesentaitantos bits, esperando que lo active algún adulto con dos dedos de frente y cinco de calva, me llamo bastante la atención.

El foco de mi cámara logró captar una figura solitaria detrás un árbol ubicado en el fondo del gran patio de la pequeña mansión donde se realizaba la fiesta. Hecho el desentendido me acerque a este árbol, y vaticiné que le haría la corta esta dama misteriosa haciéndome pasar por amante de la naturaleza.

Me acerque pretendiendo ubicarme en un buen punto de luz y comencé a sacar fotos, entonces me habló:
- No tienes que simular ser un fotógrafo de la naturaleza para acercarse, además, esta mal ubicado, y si su cámara es de las que creo que es, esta muy cerca.

Sus palabras sonaron muy intimidantes, como que esta mujer me conocía de algún lugar, o de alguna otra vida. No sabia si escucharla, hablarle o solo observarla, era una mujer extrañamente hermosa, su vestimenta negra que danzaba con el viento, sus ojos oscuros, su piel blanca, sus cabellos negros y brillantes que comenzaban a jugar con mi imaginación, hacían juego con el cigarro que tenía en su mano. No me percaté ese instante, pero a los pocos segundos me di cuenta que tenía una mirada muy triste, entonces me aproximé y le dije:

- Como es que sabe tanto de fotografía
- Si no supiera sería sentido común, usted vino a sacar a niños posando y jugando, digamos que tendrías una distancia de unos cuantos metros y un abertura focal de no mas de cuatro o cinco metros, este árbol mide mas que eso.
Me había descubierto, estaba totalmente desarmado ante semejante observación, entonces agarre todas mis armas y respondí:

- No es precisamente el dialogo entre mi cámara y el árbol lo que estaba buscando, ni tampoco que piense que quiero abordarla, es la poesía que existe en su figura y la tensión que tiene usted, el humo de su cigarro y este árbol, que aunque no me crea, de alguna forma, capto mi atención.
- Que hace un fotógrafo de niños, tratando de ser poeta?
- No soy fotógrafo de niños, trabajo para…
- Se para quien trabaja, aunque no creí que viniera, pero mi padre es así, no pierde la oportunidad de probar a sus empleados.

La frase “mi padre es así” respondía un millón de preguntas, su vestimenta negra y quien era ella, su nombre era Sofía, hija única de mi jefe y huérfana de madre desde hace algunos años. Dicen que nunca pudo superarlo, que el trauma que sufrió al ver morir a su madre en sus brazos habría hecho que pierda la razón, que se convierta en una mujer taciturna, apagada, sin razones para vivir o para disfrutar la existencia. Sentí en ese instante mucha empatía con ella, ambos estábamos vacíos en ese momento.

- Mi nombre es Gabriel – le dije
- Lo se, también se su apellido si se esta preguntando.
- Disculpe, no quería molestarla, pero en serio, me llamo la atención el cuadro.

Entonces me miro dijo algo que me dejo atónito.

- Se siente raro no? Tener algo, acostumbrarse a ello, y de pronto perderlo, yo perdí mi vida, y usted perdió su arte.

Sabia exactamente quien era yo, sabia lo que hacia y lo que mas me asustaba es que consideraba lo que hacia como arte.

- Considera lo que yo hago arte?
- No se haga el humilde, se de fotografía y se cuando alguien disfruta de su trabajo, no se olvide quien soy, soy la heredera de lo que usted y muchos debe llamar el imperio amarillo.

Esbocé una pequeña sonrisa, como recordando la juerga que hacemos en el oficio, pero no dejaba de perderme en sus ojos.

- No es tan así.
- En serio?
- Si, algunos podemos encontrar mucho en lugares donde nadie encuentra nada, y mi arte perdido como lo nombra, no esta perdido, solo esta dormido.
- Entonces esta esperando algo o alguien que lo despierte?
- Eso espero, y sigo esperando, pero más que alguien, algo.
- Como usted dijo, se puede encontrar mucho en donde nadie encuentra nada, y no se preocupe que estoy segura que su arte volverá, ahora no puedo quedarme, aunque me gustaría continuar esta charla.

Entonces ella dejo el circo de enanos y mi corazón volvió a latir como nunca creí que lo hiciera, mi vasta experiencia en decepciones amorosas, y mi amor por mi oficio habían apagado muchas cosas en mí, pero esto era diferente, esto se sentía extrañamente hermoso, y aberrante de alguna forma. Me dedique a grabar en mi memoria cada paso que ella daba cuando me abandonaba, y encontré como ella dijo “algo en donde no había nada”.

Como por arte de magia, volví a sentir el sabor del miedo en mis fotografías, volví a tener el poder de hacer brillar las hojas opacas de la sección policial del rey de los amarillistas y morbosos. Volvieron mis misiones, y volví a colocar Bach en mi laboratorio, me sentía lleno, pero sentía que esto no había terminado, había una charla que continuar con quien me devolvió el sabor del existir.

Esa noche mis misiones habían terminado temprano, y mi cámara tenía suficiente miedo como para asustar a un kindergarten completo, me dirigí a un bar que se encontraba cerca de la plaza principal de mi ciudad, la atención era pésima pero los tragos y la música eran espectaculares, además de baratos. Esta vez pusieron mi música favorita para mis noches de bar, alternativa como le llaman, el ambiente estaba oscuro como siempre, había poca gente como me agradaba, mi mesa estaba vacía y mi cerveza estaba bastante fría, una noche perfecta para un día perfecto de trabajo.

Al tratar de comenzar mi segunda cerveza sentí su mano en mi hombro, y volví a escuchar su suave voz.

- Entonces, encontraste tu arte?
- De alguna forma tu me ayudaste

Ya no existían las formas institucionales de referirnos el uno al otro, la cosa empezaba a hacerse más coloquial.
- Como así?
- Desde que te vi esa mañana, todo cambio de alguna forma, tus ojos, tus manos, tu recuerdo me devolvió eso que había perdido.
- Como puedo yo con un par de simples palabras devolverle algo a un fotógrafo que hace poesía con su cámara?
- Supongo que de la misma forma que el destino hace poesía con mis ojos en este momento.

Por primera ves la vi sonreír, por primera ves un recuerdo se guardaría para siempre en mi alma. La noche era mágica, después unos minutos de las mejores charlas que haya tenido con alguien, ella tomo mi mano y me miro fijamente, ya no había mas preocupaciones en mi vida, no me importaba de donde venia ella, ni como haríamos para volver a vernos, la noche era mágica y era nuestra.

Cuando desperté, ella no estaba a mi lado, solo había una nota, diciendo la fecha, la hora y el lugar de nuestro próximo encuentro, una nota que me haría pensar que las horas que restaban para vernos serian un infinito hecho tiempo. Como los locos que solía criticar comencé a cantar melodías indescifrables para un lunático como yo, mi departamento se volvió el nido más chico de locos que hubiese existido, y como nunca mis misiones estaban llenas del color que ella llamaba arte. Claro que aunque no esbozaba una sonrisa por respeto al dolor ajeno, mis ojos estaban llenos de vida.

Esa noche apenas pude conciliar el sueño, pero el sueño llegó y con él una revelación. Estaba parado en medio de una calle en un barrio de los condominios que se han puesto tan de moda y había tres niños jugando en la calle, todo parecía normal solo que no podía escuchar las voces de los niños, lo único que escuché fue una pelea domestica a mis espaldas, cuando me di la vuelta, estaba un hombre alto sacando a empujones a su esposa que ya había sido bastante golpeada, este hombre tenia un arma en su mano, y vociferaba cosas inaudibles, en ese instante, tomó el arma y asesino a su esposa, y luego se voló los sesos con la misma arma. Lo próximo que vi, fue a mi persona tomando fotos de esa escena, y me negué a tomar fotos de los niños que se habían convertido en huérfanos. Entonces desperté con mi cuerpo lleno de sudor, estaba comenzando a cambiar, estaba comenzando a sentir más de lo que este trabajo me lo había permitido.

Lo sorprendente fue que mi primera misión del día era a uno de estos condominios, y sentí frío en mi alma, en mis anteriores misiones nunca había presenciado niños, la mayoría eran mal vivientes que habían muerto en peleas callejeras, ladrones que habían caído presa de algún valiente, ebrios que desconocieron a sus amigos o que habían descubierto en infidelidad a sus esposas, pero nunca niños. Todo pasó según el sueño, pero a diferencia de de mi negación, yo si les tome las fotografías y empecé a ganar mi arte y a perder mi alma.

No quise mencionar nada a Sofía, no quería que la noche se arruine, no quería que nuestras palabras se llenen del dolor ajeno, así que me invente una historia diferente para que esta vez siga nuestro cuento de hadas entre la princesa y el vagabundo.

El sol me despertó temprano el día siguiente, y volví a tener ese tipo de revelaciones, solo que me tranquilice al no encontrar niños en mis sueños y al encontrar otra nota al lado de mi cama.

No fue sino después de nuestro quinto encuentro que me atreví a contarle todo a Sofía, mis sueños, mis pesadillas, y mis nuevos miedos. Como siempre ella me tranquilizo diciéndome que en algún lugar en el pasado yo había leído que los indios norteamericanos creían que las fotografías robaban el alma de las personas y que eso con mi imaginación de artista me estaban dando imágenes que yo pensaba que eran reales, pero no lo eran. Como todo lo que ella decía para mi era verdad, decidí creerle, pero mis sueños no me abandonaron y cada vez se volvían mas reales.

La noche de mi último sueño, fue una noche muy singular, podía adivinar que vería cosas tan reales que me atrevería a ir a la escena antes que sucediera, entonces me dispuse a tomar atención a todo lo que presencie. Mis ojos empezaron a sentirse pesados, y me dirigí directamente al país de las predicciones, solo que, esta vez todo estaba oscuro y era difícil descifrar un nombre o un lugar, además, volvió el miedo que sentí cuando soñé lo de los niños, en el sueño vi cosas que me parecieron terriblemente familiares, vi mis cosas, vi sus cosas, vi como nos despedíamos y yo me negaba a irme, luego de eso me vi corriendo dirigiéndome a algún lugar, el lugar donde estábamos que no lo pude ver claramente, de un golpe destroce la puerta donde estaba ella y me quede parado viendo el espectáculo mas horrible de mi vida. Ella se había ahorcado, se había quitado la vida sin ninguna razón aparente, en el sueño comencé a llorar, y llorando la baje del lugar donde estaba colgada, la coloque en la cama de la habitación cama y observe que en la cabecera había una carta dirigida a mi persona. Entonces me encontré abriendo ese sobre, pero no podía leer lo que decía, solo podía mirar como caían mis lágrimas y tomaba un arma que estaba en lugar de mi cámara y me quitaba la vida.

Me desperté temblando y sudando, me negaba a creer que lo que había soñado se convertiría en realidad, negaba todo, mi trabajo, mis sueños, mis predicciones, pero los minutos seguían y yo tenia que trabajar ese día, tenia que pasar por nuevas misiones distintas, ella no estaba a mi lado y eso me tranquilizaba, porque en el sueño estábamos juntos, lo que me preocupaba era que esa noche tendríamos un encuentro.

En nuestro encuentro no quise arruinar nada, pero ella me noto preocupado, había perdido lo que le daba vida a mis misiones, y ese miedo, el que alimentaba mis fotografías, estaba dentro de mí. Esa noche estuvimos como nunca antes, esperaba estar tan cansado y caer en el sueño para encontrar su nota diciendo donde era nuestro próximo encuentro. Y así fue, caí rendido en medio de la noche, y dormí como un bebe, desperté del lado de mi velador donde estaba su nota, y grande fue sorpresa cuando ví ese papel mágico, cuando voltee, ella seguía ahí, mirándome fijamente a los ojos

- No me anime a dejarte la nota - me dijo
- Porque?
- Tengo algo importante que decirte, en la nota está lugar y la hora.

Mi corazón empezó a latir más de lo normal y le confesé de mi sueño, como siempre ella volvió a tranquilizarme, y como en el sueño me pidió que me fuera a trabajar, que ya era tarde y que había dormido más de lo acostumbrado. Entonces me fui con el pesar más grande en mi alma.

El día transcurrió normalmente, solo que en la tarde cuando me dirigí al cuartel general del periódico, estaba la policía interrogando a los empleados y a mi persona, estaban preguntando del paradero de Sofía. Nadie sabía de lo nuestro y nadie tendría que saberlo, ella se había desaparecido varios días de su casa y su padre hizo que muevan cielo y tierra para encontrarla.

De pronto sentí exactamente como en el sueño, la misma hora, la misma predicción. Me escape de mi oficina lo más rápido que pude y me dirigí al lugar de nuestro encuentro, corrí rápidamente hacia la habitación y mi sorpresa fue grande cuando encontré que la puerta no estaba cerrada, rogaba a Dios que al abrirla ella este sentada en la cama como siempre, con sus ojos profundos, con su piel clara y con sus cabellos negros, pero no había nada, ella no estaba ahí, solo estaba la empleada de limpieza que me vio sorprendida y me pregunto que buscaba. Volvía sentir el frío que ahogaba mi alma, y me di cuenta de que ese no era el lugar, el lugar de mis sueños, el lugar de mis sueños era mi departamento.

Como un loco me dirigí hacia mi departamento, atravesé todos los semáforos rojos que se me encontraron, y llegué desesperado a mi habitación y estaba cerrada, siguiendo el sueño la destroce con todas las fuerzas que pude, y ahí estaba ella, solo que esta vez la había salvado, la baje con todo el amor que pude, y toque su suave piel, en mi corazón ella nunca podría morir, y ahí estaba yo para salvarla. Entonces dejé que descansara en mi cama, deje que las horas el trauma por el que estaba pasando, no encontré ninguna nota, y no encontré ningún arma. La había salvado y ella se quedaría conmigo.

Pase la noche entera hablándole, contándole las cosas mas bonitas que había visto en la vida, las cosas que podían alegrarla, y mientras dormía, podía ver que ella sonreía, entonces mi corazón volvió a ser feliz.

La siguiente semana ella estuvo oculta de la vista de todos en mi departamento, yo llegaba del trabajo, charlábamos de todo un poco y luego tocaba su piel tan bella como siempre, nunca fui tan feliz y tan completo, verla dormir tan placidamente, verla bella, eterna como suele ser el cielo, como suelen ser las diosas de mitologías antiguas.

En el trabajo todos me miraban extraño, me miraban raro, como que algo hubiese robado, como desconfiando de mi, no les daba importancia yo era feliz con la mujer que amaba esperándome en el lugar donde haríamos nuestro nido de amor.

No fue sino hasta el séptimo día de nuestro concubinato, que llegue a mi departamento y me despoje de todas mis armas de trabajo que comencé a charlar con ella, estaba silenciosa y difícil de acceder, no solía ser así, por lo general me esbozaba una sonrisa y continuaba hablándole de las locuras de mi oficio. Fue en ese instante, en ese segundo en donde sentí el crujir de la puerta de mi departamento al romperse y de presenciar la entrada de un sinnúmero de policías en nuestro hogar, diciéndome que levante mis manos y que me aparte de ella. Entonces lo volví a sentir el sabor de la vida en el miedo de los ojos oficiales, yo estaba echado al lado de mi amada dormida por siete días, para ellos estaba muerta, y el olor que despedía su cuerpo en descomposición era perfume para mi espíritu, para ellos estaba muerta, para mi estaba dormida.

Autor: Roberto García Rojas
Armando Lopez
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Mensaje por Armando Lopez el Mar Ene 27, 2015 5:29 pm