LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

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LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:31 am

Capítulo I


Bucarest es una bella ciudad donde parece que vienen a mezclarse Oriente y Occidente. Si solamente tenemos en cuenta la situación geográfica estamos aún en Europa, pero estamos ya en Asia si nos referimos a ciertas costumbres del país, a los turcos, a los servios y a las otras razas macedonias, pintorescos especímenes de las cuales se distinguen en todas las calles. Sin embargo es un país latino: los soldados romanos que colonizaron el país tenían, sin duda, el pensamiento constantemente puesto en Roma, entonces capital del mundo y árbitro de la elegancia. Esta nostalgia occidental se ha transmitido a sus descendientes: los rumanos piensan insistentemente en una ciudad donde el lujo es natural, donde la vida es alegre. Pero Roma ha perdido su esplendor, la reina de las ciudades ha cedido su corona a París, ¡y qué hay de extraordinario entonces en que, por un fenómeno atávico, el pensamiento de los rumanos esté puesto sin cesar en París, que ha reemplazado tan adecuadamente a Roma a la cabeza del Universo!
Lo mismo que los otros rumanos, el hermoso príncipe Vibescu soñaba en París, la Ciudad-Luz, donde las mujeres, bellas todas ellas, son también de muslo fácil. Cuando estaba aún en el colegio de Bucarest, le bastaba pensar en una parisina, en la parisina, para conseguir una erección y verse obligado a masturbarse lenta y beatíficamente. Más tarde, había descargado en muchos coños y culos de deliciosas rumanas. Pero, lo sabía perfectamente, le hacía falta una parisina.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:32 am

Mony Vibescu era de una familia muy rica. Su bisabuelo había sido hospodar, que en Francia equivale al título de subprefecto. Pero esta dignidad se había transmitido nominativamente a la familia, y tanto el abuelo como el padre de Mony habían ostentado el título de hospodar. Del mismo modo Mony Vibescu tuvo que llevar ese título en honor de su abuelo.
Pero él había leído suficientes novelas francesas como para saber mofarse de los subprefectos:
“Veamos –decía-– ¿no es ridículo irse llamar subprefecto porque tu abuelo lo ha sido? ¡Es simplemente grotesco!”. Y para ser menos grotesco había reemplazado el título de hospodar-subprefecto por el de príncipe.
“Este –exclamaba– es un título que puede transmitirse por herencia. Hospodar, es una función administrativa, pero es justo que los que se han distinguido en la administración tengan el derecho de llevar un título. En el fondo, soy un antepasado.
Mis hijos y mis nietos sabrán agradecérmelo”.
El príncipe Vibescu estaba muy relacionado con el vicecónsul de Servia: Bandi Fornoski que, según se decía en la ciudad, enculaba de muy buena gana al encantador Mony.
Un día el príncipe se vistió correctamente y se dirigió hacia el viceconsulado de Servia. En la calle, todos le miraban, y las mujeres lo hacían de hito en hito pensando: “ ¡Qué aspecto parisino tiene!”.
En efecto, el príncipe Vibescu andaba come se cree en Bucarest que andan los parisinos, es decir con pasos cortos y apresurados y removiendo el culo. ¡Es encantador! Y en Bucarest cuando un hombre anda así no hay mujer que se le resista, aunque sea la esposa del primer ministro.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:32 am

Al llegar ante la puerta del viceconsulado de Servia, Mony orinó copiosamente contra la fachada, luego llamó. Un albanés vestido con unas enagüillas blancas vino a abrirle. Rápidamente el príncipe Vibescu subió al primer piso. El vicecónsul Bandi Fornoski estaba completamente desnudo en su salón. Acostado en un mullido sofá, lucía una firme erección; cerca de él estaba Mira, una morena montenegrina que le hacía cosquillas en los testículos. Estaba igualmente desnuda y, como permanecía inclinada, su posición hacía sobresalir un hermoso culo, rollizo, moreno y velludo. Entre las dos nalgas se alargaba el surco bien marcado con sus pelos obscuros y se vislumbraba el orificio prohibido redondo como una pastilla.
Debajo, los dos muslos, vigorosos y largos, se estiraban, y como su posición forzaba a Mira a separarlos quedaba visible el coño, grueso, espeso, bien cortado y sombreado por una espesa guedeja completamente negra. Ella no se interrumpió cuando entró Mony. En otro rincón, encima de un canapé, dos precio­sas muchachas de gran culo se acariciaban lanzando suaves “¡ah!” de voluptuosidad. Mony se desembarazó rápidamente de sus ropas, luego el pene completamente erecto al aire, se abalanzó sobre las dos bacantes intentando separarlas. Pero sus manos resbalaban sobre los cuerpos húmedos y tersos que se escurrían como serpientes. Entonces, viendo que babeaban de voluptuosidad, y furioso al no poder compartirla, se puso a golpear con toda la ma­no el gran culo blanco que se encontraba a su alcance.
Como esto parecía excitar considerablemente a la propietaria de ese gran culo, se puso a pegar con todas sus fuerzas, tan fuerte que venciendo el dolor a la voluptuosidad, la bella muchacha a la que había vuelto rosa el precioso culo blanco, se incorporó encolerizada diciendo:
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:33 am

–Puerco, príncipe de los enculados, no nos molestes, no queremos tu abultado miembro. Ve a dar tu azúcar de cebada a Mira. Déjanos amarnos. ¿No es eso, Zulmé?
–¡Sí! Tone –respondió la otra muchacha. El príncipe blandió su enorme miembro gritando:
–¡Cómo, cochinas, todavía y siempre pasándoos la mano por entre las piernas!
Luego agarrando a una de ellas, quiso besarle la boca. Era Tone, una bella morena cuyo cuerpo completamente blanco tenía, en los mejores lugares, unos preciosos lunares, que realzaban su blancura; su rostro era blanco también y un lunar en la mejilla izquierda hacía muy picante el semblante de esta graciosa muchacha.
Su busto estaba adornado con dos soberbios pechos duros como el mármol, cercados de azul, coronados por unas fresas rosa suave, el de la derecha coquetamente manchado por un lunar colocado allí como una mosca, una mosca asesina.
Mony Vibescu al agarrarla había pasado las manos bajo su voluminoso culo que parecía un hermoso melón que hubiera crecido al sol de medianoche, tan blanco y prieto era. Cada una de sus nalgas parecía haber sido tallada en un bloque de Carrara sin defecto alguno y los muslos que descendían debajo de ellas eran perfectamente redondos como las columnas de un templo griego. ¡Pero qué diferencia! Los muslos estaban tibios y las nalgas, frías, lo que es un síntoma de buena salud. La azotaina las había vuelto un poco rosadas, de tal modo que de esas nalgas se podría decir que estaban hechas de nata mezclada con frambuesas. Esta visión excitaba hasta el límite de la lujuria al pobre Vibescu. Su boca chupaba alternativamente los firmes pechos de Tone, o bien posándose sobre el cuello o sobre el hombro dejaba marca de sus chupadas. Sus manos sostenían firmemente ese prieto y opulento culo como si fuera una sandía dura y pulposa. Palpaba esas nalgas reales y había insinuado el índice en el agujero del culo que era de una estrechez que embriagaba. Su grueso miembro que crecía cada vez más iba a abrir brecha en un encantador coño coralino coronado por un toisón de un negro reluciente.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:33 am

Ella le gritaba en rumano: “ ¡No, no me la meterás!” y al mismo tiempo pataleaba con sus preciosos muslos redondos y rollizos. El grueso miembro de Mony había tocado ya el húmedo reducto de Tone con su cabeza roja e inflamada. Ella pudo soltarse aún, pero al hacer este movimiento dejó escapar una ventosidad, no una ventosidad vulgar, sino una ventosidad de un sonido cristalino que le provocó una risa violenta y nerviosa. Su resistencia disminuyó, sus muslos se abrieron y el voluminoso aparato de Mony ya había escondido su cabeza en el reducto cuando Zulmé, la amiga de Tone y su colaboradora de masturbación, se apoderó bruscamente de los testítulos de Mony y, estrujándolos en su manecita, le causó tal dolor que el miembro humeante volvió a salir de su domicilio con gran contrariedad de Tone que ya empezaba a menear su gran culo debajo de su esbelta cintura.
Zulmé era una rubia cuya espesa cabellera le caía hasta los talones. Era más bajita que Tone, pero en cuanto a esbeltez y a gracia no le cedía en nada. Sus ojos eran negros y ojerosos.
Cuando soltó los testículos del príncipe, éste se arrojó sobre ella diciendo: “Bueno, tú vas a pagar por Tone”.
Luego, atrapando de una dentellada un precioso pecho, comenzó a chuparle la punta. Zulmé se retorcía. Para burlarse de Mony meneaba y ondulaba su vientre al final del cual bailaba una deliciosa barba rubia muy rizada. Al mismo tiempo ponía en alto un bonito coño que partía una bella y abultada mota.
Entre los labios de ese coño rosado bullía un clítoris bastante largo que demostraba sus costumbres tribádicas. El miembro del príncipe trataba de penetrar en vano en ese reducto. Al fin, asió las nalgas con fuerza e iba a penetrar cuando Tone, enojada por haber sido privada de la descarga del soberbio miembro, se puso a cosquillear con una pluma de pavo real los talones del joven.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:33 am

Él se echó a reír, empezó a retorcerse. La pluma de pavo real le hacía cosquillas continuamente; de los talones había subido a los muslos, al ano, al miembro, que se desinfló rápidamente. Las dos pícaras, Tone y Zulmé, encantadas de su farsa, rieron un buen rato; luego, sofocadas y arreboladas, continuaron sus caricias besándose y lamiéndose ante el corrido y estupefacto príncipe.
Sus culos se alzaban cadenciosamente, sus pelos se mezclaban, sus dientes golpeaban los unos contra los otros, los satenes de sus pechos firmes y palpitantes se restregaban mutuamente. Al fin, retorcidas y gimiendo de voluptuosidad, se regaron mutuamente, mientras el príncipe sentía que volvía a empezarle una erección.
Pero viendo a la una y a la otra tan fatigadas por su mutua masturbación, se volvió hacia Mira, que continuaba manipulando el miembro del vicecónsul. Vibescu se aproximó suavemente y haciendo pasar su bello miembro entre las gruesas nalgas de Mira, se insinuó en el coño húmedo y entreabierto de la preciosa muchacha que, sólo sentir que la penetraba la cabeza del nudo dio una culada que hizo que el aparato la penetrara completamente. Luego continuó sus desordenados movimientos, mientras que el príncipe le hacía titilar el clítoris con una mano y con la otra le cosquilleaba los pechos. Su movimiento de vaivén en el apretadísimo coño parecía causar un vivo placer a Mira, que lo demostraba con gritos de voluptuosidad. El vientre de Vibescu iba a dar contra el culo de Mira y el frescor del culo de Mira causaba al príncipe una sensación tan agradable como la causada a la muchacha por el calor de su vientre. Pronto los movimientos se hicieron más vivos, más bruscos; el príncipe se apretaba contra Mira que jadeaba apretando las nalgas. El príncipe la mordió en el hombro y la estrechó contra sí. Ella gritaba:
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:34 am

–¡Ah! es bueno... Quédate aquí... Más fuerte... Más fuerte... Ten, ten, tómalo todo. Dámelo, tu esperma... Dámelo todo... Ten... Ten...
Y en una descarga común se derrumbaron y quedaron anonadados por un momento. Tone y Éulmé abrazadas en el canapé les miraban riendo. El vicecónsul de Serbia había encendido un delgado cigarrillo de tabaco oriental. Cuando Mony se hubo levantado, le dijo:
–Ahora, querido príncipe, es mi turno; esperaba tu llegada y precisamente por eso me he hecho manipular el miembro por Mira, pero te he reservado el goce. ¡Ven, mi corazón, mi enculado querido, ven, que te la meta!
Vibescu le contempló un momento, luego, escupiendo sobre el miembro que le presentaba el vicecónsul, pronunció estas palabras:
–Ya estoy harto de tus enculadas, toda la ciudad habla de ello.
Pero el vicecónsul se había levantado, en plena erección, y había cogido un revólver. Apuntó a Mony que, temblando, le tendió las posaderas balbuceando:
–Bandi, mi querido Bandi, sabes que te amo, encúlame, encúlame.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:34 am

Bandi, sonriendo, hizo penetrar su miembro en el elástico orificio que se encontraba entre las dos nalgas del príncipe. Introducido allí, y mientras las tres mujeres le miraban, se agitó como un poseído blasfemando:
–¡Por el nombre de Dios! Estoy gozando, aprieta el culo, preciosidad, aprieta, estoy gozando. Aprieta tus bellas nalgas.
Y la mirada salvaje, las manos crispadas sobre los hombros delicados, descargó. Enseguida Mony se lavó, se volvió a vestir y marchó diciendo que volvería después de comer. Pero al llegar a su casa, escribió esta carta:
Mi querido Bandi:
Ya estoy harto de tus enculadas, ya estoy harto de las mujeres de Bucarest, ya estoy harto de gastar aquí mi fortuna con la que sería tan feliz en París. Antes de dos horas me habré marchado. Espero divertirme enormemente allí y te digo adiós.
Mony, Príncipe Vibescu, Hospadar hereditario.
El príncipe cerró la carta, escribiendo otra a su notario en la que le pedía que liquidara sus bienes y le enviara el total a París en el momento en que supiera su dirección.
Mony tomó todo el dinero en metálico que poseía, 50.000 francos, y se dirigió a la estación. Echó sus dos cartas al buzón y tomó el Orient Express hacia París.
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Capítulo II-Las once mil vergas

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:35 am

Capítulo II-Las once mil vergas

–Señorita, no he hecho más que veros por primera vez y, loco de amor, he sentido mis órganos genitales dirigirse hacia vuestra belleza soberana y me he enardecido como si hubiera bebido un vaso de raki.
–¿Dónde? ¿Dónde?
–Pongo mi fortuna y mi amor a vuestros pies. Si os tuviera en una cama, os probaría mi pasión veinte veces seguidas. ¡Que las once mil vírgenes o incluso que once mil vergas me castiguen si miento!
–¡Y cómo!
–Mis sentimientos no son falaces. No hablo así a todas las mujeres. No soy un calavera.
–¡Tu hermana!
Esta conversación se producía en el boulevard Malesherbes, una mañana soleada. El mes de mayo hacía renacer la naturaleza y los gorriones parisinos piaban al amor en los árboles reverdecidos.
Galantemente, el príncipe Mony sostenía esta conversación con una bonita y esbelta muchacha que, vestida con elegancia, bajaba hacia la Madeleine. Andaba tan deprisa que tenía dificultades para seguirla. De golpe ella se giró bruscamente y se desternilló de risa:
–Acabaréis pronto; ahora no tengo tiempo. Voy a la calle Duphot a ver a una amiga, pero si estáis dispuesto a mantener a dos mujeres desesperadas por el lujo y por el amor, si en definitiva sois un hombre, por la fortuna y el poder copulativo, venid conmigo.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:36 am

El enderezó su bello talle exclamando:
–Soy un príncipe rumano, hospodar hereditario.
–Y yo –dijo ella– soy Culculine d'Ancóne, tengo diecinueve años, ya he vaciado los testículos de diez hombres excepcionales en las relaciones amorosas, y la bolsa de quince millonarios.
Y charlando alegremente de diversas cosas fútiles o turbadoras, el príncipe y Culculine llegaron a la calle Duphot. Subieron en ascensor hasta el primer piso.
–El príncipe Mony Vibescu... mi amiga Alexine Mangetout.
Culculine hizo muy formalmente la presentación en un lujoso gabinete decorado con obscenas estampas japonesas.
Las dos amigas se besaron intercambiándose las lenguas. Las dos eran altas, pero sin exageración.
Culculine era morena, con ojos grises relucientes de picardía, y un lunar peloso adornaba la parte inferior de su mejilla izquierda. Su tez era mate, su sangre afluía bajo la piel, sus mejillas y su frente se arrugaban fácilmente testimoniando sus preocupaciones de dinero y de amor.
Alexine era rubia, de ese color tirando a ceniza como no se ve más que en París. La clara coloración de su tez parecía transparente. Esta bella muchacha semejaba en su encantador deshabillé rosa, tan delicada y traviesa como una picara marquesa del siglo antepasado.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:36 am

Trabaron pronto amistad y Alexine que tuvo un amante rumano fue a buscar su fotografía a su dormitorio. El príncipe y Culculine la siguieron. Los dos se precipitaron sobre ella y, riendo, la desnudaron. Su peinador cayó, dejándola en una camisa de batista que dejaba ver un cuerpo encantador, regordete, lleno de hoyuelos en los mejores lugares.
Mony y Culculine la derribaron sobre la cama y sacaron a la luz sus bellos pechos rosados, grandes y duros, a los que Mony chupó las puntas. Culculine se inclinó y, levantando la camisa, descubrió dos muslos redondos y grandes que se reunían bajo un gato rubio ceniciento como los cabellos. Alexine, lanzando grititos de voluptuosidad, puso sobre la cama sus piececitos dejando escapar unas chancletas que hicieron un ruido sordo al caer al suelo. Las piernas muy separadas, levantaba el culo bajo el lameteo de su amiga crispando sus manos alrededor del cuello de Mony.
El resultado no tardó en producirse, sus muslos se apretaron, su pataleo se hizo más vivo, descargó diciendo:
–Puercos, me excitáis, tenéis que satisfacerme.
–¡Ha prometido hacerlo veinte veces! –dijo Culculine, y se desnudó.
El príncipe hizo lo mismo. Quedaron desnudos al mismo tiempo, y mientras que Alexine, como desmayada, estaba tendida en la cama, pudieron admirar recíprocamente sus cuerpos. El voluminoso culo de Culculine se balanceaba deliciosamente debajo de su talle exquisito y los grandes testículos de Mony se hinchaban debajo de un enorme miembro del que Culculine se apoderó.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:37 am

–Méteselo –dijo–, después me lo harás a mí.
El príncipe aproximó su miembro al coño entreabierto de Alexine que se estremeció ante esta proximidad:
–¡Me matas! –gritó.
Pero el miembro penetró hasta los testículos y volvió a salir para volver a entrar como un pistón. Culculine se metió en la cama y puso su gato negro encima de la boca de Alexine, mientras que Mony le lamía la puerta falsa. Alexine movía el culo como una endemoniada; puso un dedo en el agujero del culo de Mony, cuya erección aumentó bajo esta caricia. El puso sus manos debajo de las nalgas de Alexine que se crispaban con una fuerza increíble, apretando en el inflamado coño al enorme miembro que apenas podía menearse allí dentro.
Pronto la agitación de los tres personajes fue extrema, su respiración se hizo jadeante. Alexine descargó tres veces, luego fue el turno de Culculine que desmontó inmediatamente para ir a mordisquear los testículos de Mony. Alexine se puso a gritar como una condenada y se retorció como una serpiente cuando Mony le soltó dentro del vientre su semen rumano. Culculine le arrancó inmediatamente del orificio y su boca fue a tomar el lugar del miembro para beber, a lengüetadas, el esperma que se derramaba en grandes borbotones. Alexine, entretanto, había tomado en la boca el miembro de Mony, que limpió cuidadosamente provocándole una nueva erección.
Un instante después, el príncipe se precipitó sobre Culculine, pero su miembro permaneció en el umbral, cosquilleando el clítoris. Tenía en su boca uno de los pechos de la muchacha. Alexine acariciaba los dos.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:37 am

–Métemelo –gritaba Culculine– no puedo más.
Pero el miembro permanecía fuera. Descargó dos veces y parecía desesperada, cuando el miembro penetró brutalmente hasta la matriz. Entonces, loca de excitación y voluptuosidad, mordió a Mony en la oreja, tan fuerte que le quedó un pedazo en la boca. Lo tragó gritando con todas sus fuerzas y sacudiendo magis-tralmente el culo. Esta herida, de la que la sangre manaba a chorros, pareció excitar a Mony, pues empezó a menearse más rápidamente y no abandonó el coño de Culculine hasta haber descargado tres veces, mientras que ella misma lo hacía diez.
Cuando él desenfundó, los dos se dieron cuenta con asombro que Alexine había desaparecido. Volvió pronto con productos farmacéuticos destinados a cuidar a Mony y un enorme látigo del conductor de un coche de alquiler.
–Lo he comprado por cincuenta francos –exclamó– al cochero 3.269 de la Urbana, y va a servirnos para poner en forma de nuevo al rumano. Déjame curarle la oreja, Culculine mía, y hagamos un 69 para excitarnos.
Mientras que detenía la salida de la sangre, Mony asistió a este regocijante espectáculo: perfectamente acopladas, Culculine y Alexine, se acometían con ardor. El macizo culo de Alexine, blanco y regordete, se contoneaba sobre el rostro de Culculine; las lenguas, largas como miembros de niño, iban a buen ritmo, la saliva y el semen se mezclaban, los mojados pelos se adherían entre sí y suspiros que partirían el alma, si no fueran suspiros de voluptuosidad, se elevaban de la cama que crujía y chirriaba bajo el agradable peso de las preciosas muchachas.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:37 am

–¡Ven a encularme! –gritó Alexine.
Pero Mony perdía tanta sangre que ya no tenía ganas de hacerlo. Alexine se levantó y, cogiendo el látigo del cochero del vehículo 3.269, por el soberbio mango completamente nuevo, lo blandió y azotó la espalda, las nalgas de Mony que, bajo este nuevo dolor olvidó su sangrante oreja y empezó a dar alaridos. Pero Alexine, desnuda y semejante a una bacante en pleno delirio, golpeaba sin parar.
–¡Ven a azotarme tú también! –le gritaba ella a Culculine, cuyos ojos resplandecían y que acudió a azotar con todas sus fuerzas el gran culo agitado de Alexine. Culculine también se excitó pronto.
–¡Azótame, Mony! –suplicó.
Y éste, que se acostumbraba al castigo, aunque su cuerpo estuviera sangrante, se puso a azotar las bellas nalgas morenas que se abrían y cerraban cadenciosamente. Cuando le comenzó la erección de nuevo, la sangre caía, no sólo de la oreja, sino también de cada marca dejada por el cruel flagelo.
Entonces Alexine se volvió y presentó sus bellas nalgas enrojecidas al enorme miembro que penetró en la roseta, mientras que la empalada chillaba agitando el culo y los pechos. Pero Culculine los separó riendo. Las dos mujeres reemprendieron su mutua masturbación, mientras que Mony, completamente ensangrentado e instalado hasta la guardia en el culo de Alexine, se agitaba con un vigor que hacía gozar enormemente a su pareja. Sus testículos ondeaban como las campanas de Nótre-Dame y llegaban a embestir la nariz de Culculine. En un momento dado el culo de Alexine se estrechó con gran fuerza en torno a la base del glande de Mony que ya no pudo moverse. Así es como descargó con grandes chorros mamados por el ano ávido de Alexine Mangetout.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:38 am

Entretanto, en la calle la muchedumbre se apiñaba en torno del coche 3.269 cuyo cochero no tenía látigo.
Un sargento municipal le preguntó qué había hecho de él:
–Lo he vendido a una dama de la calle Du-phot.
–Id a recuperarlo u os pongo una multa.
–Ahora voy –dijo el auriga, un normando de fuerza poco común, y, después de haberse informado con la portera, llamó al primer piso.
Alexine fue desnuda a abrirle; el cochero quedó deslumhrado y, como ella se escapaba hacia el dormitorio, la persiguió, la agarró y le introdujo con habilidad y a la manera de los perros, un miembro de respetable talla. Descargó pronto gritando: “ ¡Truenos de Brest, burdel de Dios, cochina puta! “.
Alexine, dándole culadas, descargó al mismo tiempo que él, mientras que Mony y Culculine se partían de risa. El cochero, creyendo que se burlaban de él, montó en terrible cólera.
–¡Ah!, ¡putas, chulo, carroña, basura, os burláis de mí! Mi látigo, ¿dónde está mi látigo?
Y viéndolo, se apoderó de él para golpear con todas sus fuerzas a Mony, Alexine y Culculine, cuyos cuerpos desnudos brincaban bajo los cintarazos que les dejaban marcas sangrantes. Luego tuvo una nueva erección y, saltando sobre Mony, empezó a encularlo.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:38 am

La puerta de entrada había quedado abierta y el municipal, que, viendo que el cochero no volvía, había subido, entró en este instante en el dormitorio; no tardó en sacar su miembro reglamentario. Lo introdujo con habilidad en el culo de Culculine que cloqueaba como una gallina y se estremecía con el frío contacto de los botones del uniforme.
Alexine, desocupada, cogió la porra blanca que se balanceaba en la vaina que colgaba de la cintura del sargento municipal. Se la introdujo en el coño y rápidamente las cinco personas empezaron a gozar tremendamente, mientras que la sangre de las heridas chorreaba sobre las alfombras, las sábanas, los muebles y mientras en la calle se llevaban al depósito el abandonado coche 3.269 cuyo caballo se pedió durante todo el camino que quedó perfumado de manera nauseabunda.
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Capítulo III-Las once mil vergas

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:39 am

Capítulo III-Las once mil vergas

Algunos días después de la sesión, que el cochero del vehículo 3.269 y el agente de policía habían acabado de manera tan singular, el príncipe Vibescu apenas se había repuesto de sus emociones. Las marcas de la flagelación habían cicatrizado y él estaba desmayadamente tendido en un sofá de una habitación del Grand-Hótel. Para excitarse leía la sección de sucesos del Journal. Le apasionaba una historia. El crimen era espantoso. El lavaplatos de un restaurante había hecho asar el culo de un joven pinche, luego, aún caliente y sangrante, lo había enculado y comido los trozos asados que se desprendían del trasero del efebo. Los vecinos habían acudido a los gritos del Vatel y habían detenido al sádico lavaplatos. La historia estaba contada con todos los detalles y el príncipe la saboreaba masturbándose lentamente el miembro que se había sacado.
En ese momento, llamaron. Una criada complaciente, fresca y muy bonita con su cofia y su delantal, entró con el permiso del príncipe. Sostenía una carta y enrojeció viendo el aspecto descompuesto de Mony que se volvió a poner los pantalones:
–No se vaya, bella y rubia señorita, tengo que decirle unas palabras.
Al mismo tiempo, cerró la puerta y, agarrando a la preciosa Mariette por la cintura, la besó vorazmente en la boca. Al principio ella se defendió, apretando fuertemente los labios, pero pronto, bajo el abrazo, comenzó a abandonarse, luego su boca se abrió. La lengua del príncipe penetró en ella, siendo mordida inmediatamente por Mariette cuya hábil lengua empezó a cosquillear la punta de la de Mony.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:40 am

Con una mano, el joven le rodeaba la cintura; con la otra le levantaba las faldas. No llevaba bragas. Su mano se colocó rápidamente entre dos muslos redondos y grandes que nadie le hubiera supuesto, pues era alta y delgada. Tenía un coño muy peludo. Estaba muy enardecida, y la mano estuvo muy pronto en el interior de una húmeda grieta, mientras que Mariette se abandonaba avanzando el vientre. Su mano se paseaba por encima de la bragueta de Mony que al fin consiguió desabrochar.
Extrajo el soberbio florete que al entrar sólo había podido entrever. Se masturbaban mutua y suavemente; él le pellizcaba el clítoris; ella, apretando su pulgar sobre el orificio del pene. El le levantó las piernas y se las puso sobre los hombros, mientras ella se desabrochaba para hacer surgir dos soberbios pechos erectos que él se puso a chupar alternativamente, haciendo penetrar su ardiente miembro en el coño. Inmediatamente ella se echó a gritar:
–¡Qué bueno, qué bueno... qué bien lo haces!
En aquel momento ella dio unas desordenadas culadas, luego él la sintió descargar diciendo:
–Toma... qué gusto... toma... tómalo todo.
Inmediatamente después, le agarró bruscamente el miembro diciendo:
–Por aquí ya hay bastante.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:40 am

Lo sacó del coño y se lo introdujo en otro agujero completamente redondo situado un poco más abajo, como un ojo de cíclope entre dos globos carnosos, blancos y vigorosos. El miembro, lubrificado por los licores femeninos, penetró fácilmente y, tras haber vivamente culeado, el príncipe soltó todo su esperma en el culo de la preciosa camarera. Enseguida sacó su miembro que hizo: “floc”, como cuando se descorcha una botella y sobre la punta aún quedaba algo de semen mezclado con un poco de mierda.
En este momento, en el corredor sonó una llamada y Mariette dijo: “Debo ir a ver”. Y se largó después de besar a Mony que le puso dos luises en la mano. Cuándo hubo salido, él se lavó la cola, luego abrió la carta que contenía esto:
“Mi hermoso rumano:
“¿Qué es de ti? Debes haberte repuesto de tus fatigas. Pero recuerda lo que me dijiste: Si no hago el amor veinte veces seguidas, que once mil vergas me castiguen. No lo hiciste veinte veces, peor para ti.”
“El otro día fuiste recibido en el picadero de Alexine, en la calle Duphot. Ahora que te conocemos, puedes venir a mi casa. No puedes ir a casa de Alexine. No puede recibirme ni siquiera a mí. Por eso tiene un picadero. Su senador es demasiado celoso. A mí me da lo mismo; mi amante es explorador, debe estar a punto de enfilar perlas con las negras de Costa de Marfil. Puedes venir a mi casa, el 214 de la calle de Prony. Te esperamos a las cuatro.”
Culculine d'Ancóne.”
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:41 am

Tan pronto leyó esta carta, el príncipe miró la hora. Eran las once de la mañana. Llamó para hacer subir al masajista que le masajeó y le enculó limpiamente. Esta sesión le vivificó. Tomó un baño y se sentía fresco y dispuesto al llamar al peluquero que le peinó y le enculó artísticamente. El pedicuro-manicura subió inmediatamente. Le hizo las uñas y le enculó vigorosamente. El príncipe, entonces, se sintió completamente a gusto. Bajó a los bulevares, desayunó copiosamente, luego tomó un fiacre que le condujo a la calle de Prony. Era un hotelito, habitado exclusivamente por Culculine. Una vieja sirvienta le franqueó la entrada. La habitación estaba amueblada con un gusto exquisito.
Enseguida le hicieron entrar en un dormitorio cuya cama, muy baja y de cobre, era enorme. El entarimado estaba cubierto con pieles de animales que ahogaban el ruido de las pisadas. El príncipe se desvistió rápidamente y quedó completamente desnudo cuando entraron Alexine y Culculine enfundadas en unos maravillosos deshabillés. Se echaron a reír y lo besaron. El empezó por sentarse, luego colocó a cada una de las muchachas encima de una de sus piernas, pero lo hizo levantándoles la falda, de manera que ellas permanecían decentemente vestidas y él sentía sus culos desnudos sobre los muslos. Luego empezó a masturbar a cada una con una mano, mientras ellas le cosquilleaban el miembro. Cuando sintió que estaban completamente excitadas les dijo:
–Ahora vamos a dar clase.
Las hizo sentar en una silla enfrente suyo y, después de reflexionar un instante, les dijo:
–Señoritas, acabo de notar que no llevan bragas. Deberían avergonzarse. Corran a ponerse una.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:41 am

Cuando volvieron, comenzó la clase.
–Señorita Alexine Mangetout, ¿cómo se llama el rey de Italia?
–Si crees que me importa, ¡no tengo ni idea! –dijo Alexine.
–Tiéndase en la cama –gritó el profesor.
La hizo colocar de rodillas y de espaldas sobre la cama, le hizo levantar las faldas y abrir la raja de los calzones de los que emergieron los globos radiantes de blancura de las nalgas. Entonces empezó a golpearlas con la palma de la mano; pronto el trasero empezó a enrojecer. Esto excitaba a Alexine que hacía muy buen culo, pero enseguida el mismo príncipe no pudo contenerse. Pasando sus manos alrededor del busto de la joven, le agarró los pechos por debajo del peinador, luego haciendo descender una mano, le acarició el clítoris y notó lo mojado que tenía el coño.
Las manos de ella no permanecían inactivas; habían agarrado el miembro del príncipe conduciéndolo por el angosto sendero de Sodoma. Alexine se inclinaba para que su culo sobresaliera mejor y para facilitar la entrada a la verga de Mony.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:41 am

El glande estuvo dentro muy pronto, el resto le siguió y los testículos iban a pegar contra la base de las nalgas de la joven. Culculine, que se aburría, también se echó sobre la cama y lamió el coño de Alexine que, festejada por los dos lados, gozaba hasta llorar. Su cuerpo sacudido por la voluptuosidad se retorcía como si estuviera sufriendo atrozmente. Estertores voluptuosos se escapaban de su garganta. El enorme instrumento le llenaba el culo y yendo hacia delante y hacia atrás, chocaba contra la membrana que lo separaba de la lengua de Culculine que recogía el líquido provocado por este pasatiempo. El vientre de Mony embestía el culo de Alexine. Luego el príncipe culeó más deprisa.
Empezó a morder el cuello de Alexine. El miembro se hinchó. Alexine no pudo soportar tanta felicidad; se dejó caer sobre la cara de Culculine que no cesó en sus lámeteos, mientras que el príncipe la seguía en su caída, la verga introducida en su culo. Unas arremetidas más, luego Mony soltó su semen. Ella permaneció tendida en la cama mientras Mony iba a lavarse y Culculine se levantaba para orinar. Ella tomó un cubo, se sentó a horcajadas en él, las piernas muy separadas, se levantó la falda y orinó copiosamente, luego, para quitarse las ultimas gotas que habían quedado entre los pelos, soltó un pedo pequeño, tierno y discreto que excitó considerablemente a Mony.
–¡Cágate en mis manos, cágate en mis manos! –exclamaba.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:42 am

Ella sonrió; él se colocó detrás de ella, que bajaba un poco el culo y empezaba a hacer esfuerzos. Llevaba unos diminutos calzones de batista transparente a través de los cuales se entreveían sus bellos y vigorosos muslos. Unas medias negras le llegaban hasta por encima de la rodilla y moldeaban dos maravillosas pantorrillas de silueta incomparable, ni demasiado gruesas ni demasiado delgadas. En esta posición el culo resaltaba, admirablemente encuadrado por la abertura de los calzones. Mony observaba atentamente las dos morenas y rosadas nalgas, vellosas, regadas por una sangre generosa. Advertía la extremidad de la espina dorsal, algo salida y, debajo, el comienzo de la raya del culo.
Primero ancha, luego estrechándose y haciéndose más profunda a medida que aumentaba el espesor de las nalgas; se llegaba así hasta el orificio obscuro y redondo, completamente arrugado. Los primeros esfuerzos de la joven consiguieron dilatar el agujero del culo y hacer salir un poco de la piel lisa y rosada que se encuentra en su interior y que parece un labio remangado.
–¡Caga ya! –gritaba Mony.
Enseguida apareció una puntita de mierda, picuda e insignificante, que mostró la cabeza y se retiró inmediatamente a su caverna. Seguidamente reapareció, seguida lenta y majestuosamente por el resto del salchichón que constituía uno de los más bellos cagajones que un intestino haya producido jamás.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:42 am

La mierda salía untuosa e ininterrumpidamente, hilada con cuidado como un cable de navio. Oscilaba graciosamente entre las bellas nalgas que se separaban cada vez más. Pronto se balanceó más briosamente. El culo se dilató aún más, se agitó un poco y la mierda cayó, caliente y humeante toda ella, en las manos de Mony que se tendían para recibirla. Entonces él grito: “ ¡No te muevas! “, y, agachándose, le lamió cuidadosamente el orificio del culo, amasando el cagajón con sus manos. Luego lo aplastó con voluptuosidad y se embadurnó todo el cuerpo con él. Culculine se desvestía para imitar a Alexine que se había desnudado y mostraba a Mony su voluminoso y transparente culo de rubia: “ ¡Cágame encima! “, gritó Mony a Alexine arrojándose al suelo. Ella se acuclilló encima, pero no del todo. El podía gozar del espectáculo que ofrecía su ano. Los primeros esfuerzos consiguieron hacer salir un poco del semen que Mony había depositado allí; luego salió la mierda, amarilla y blanda, que cayó en varias veces y, como ella reía y se meneaba, la mierda se desparramaba por todo el cuerpo de Mony que pronto tuvo el vientre adornado con muchas de estas fragantes babosas.
Al mismo tiempo Alexine había orinado y el chorro, muy caliente, al caer sobre el miembro de Mony, había despertado sus instintos animales. Poco a poco el pendolón se iba irguiendo, hinchándose hasta que, alcanzado su volumen normal, el glande se atirantó, colorado como una enorme ciruela, ante los ojos de la joven que, acercándose, se agachó cada vez más, haciendo penetrar la verga en erección por entre los bordes peludos del coño ampliamente abierto. Mony gozaba con el espectáculo. El culo de Alexine, al descender, mostraba cada vez más a las claras su apetitosa rotundidad. Sus escalofriantes redondeces imponían y la separación de las nalgas se acusaba cada vez más. Cuando el culo hubo descendido completamente, cuando el miembro fue totalmente engullido, el culo se levantó de nuevo y comenzó un bonito movimiento de vaivén que modificaba su volumen en proporciones notables, y era un espectáculo delicioso. Mony, lleno de mierda, gozaba profundamente: al cabo de poco tiempo sintió como se apretaba la vagina y Alexine dijo con voz estrangulada:
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:43 am

–¡Puerco, ya viene... estoy gozando!
Y dejó escapar su chorro. Pero Culculine, que había asistido a esta operación y parecía acalorada, la extrajo brutalmente del palo y, abalanzándose sobre Mony sin preocuparse de la mierda que la ensució también, se introdujo la cola en el coño exhalando un suspiro de satisfacción. Comenzó a dar terribles culadas mientras decía: “ ¡Han!” a cada arremetida. Pero Alexine, despechada por haber sido desposeída de su bien, abrió un cajón y sacó de él unos zorros hechos con tiras de cuero. Comenzó a azotar el culo de Culculine cuyos saltos se hicieron aún más apasionados. Alexine, excitada por el espectáculo, golpeaba dura y vigorosamente. Los golpes llovían sobre el soberbio trasero. Mony, ladeando ligeramente la cabeza, veía, en un espejo que tenía enfrente, subir y bajar el gran culo de Culculine. Al subir las nalgas se entreabrían y la roseta aparecía por un breve instante para desaparecer al bajar cuando las bellas nalgas mofletudas se estrechaban de nuevo. Debajo, los labios peludos y distendidos del coño devoraban la enorme verga que, al subir, se veía mojada y salía Casi totalmente. En un momento los golpes de Alexine habían enrojecido completamente el pobre culo que ahora se estremecía de voluptuosidad. Pronto un golpe dejó una marca sangrienta. Las dos, la que golpeaba y la azotada, estaban frenéticas como bacantes y parecían gozar con idéntica intensidad. El mismo Mony empezó a compartir su furor y sus uñas surcaron la espalda satinada de Culculine. Alexine, para golpear cómodamente a Culculine, se arrodilló junto al grupo. Su mofletudo culazo, sacudiéndose a cada golpe que daba, quedó a dos dedos de la boca de Mony.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:43 am

Su lengua no tardó en introducirse allí dentro, luego animado por un furor voluptuoso, empezó a morder la nalga derecha. La joven lanzó un grito de dolor. Los dientes habían penetrado en su carne y la sangre roja y fresca vino a aliviar el gaznate reseco de Mony. La bebió a lengüetadas, apreciando su sabor de hierro ligeramente salado. En este momento los saltos de Culculine eran ya completamente incontrolados. Sus ojos estaban en blanco. Su boca, manchada por la mierda acumulada sobre el cuerpo de Mony. Lanzó un gemido y descargó al mismo tiempo que Mony. Alexine cayó sobre ellos, agonizante y rechinando los dientes, y Mony que colocó la boca en su coño no tuvo que dar más que dos o tres lengüetazos para obtener una descarga. Luego, tras algunos sobresaltos, los nervios se relajaron y el trío se tendió sobre la mierda, la sangre y el semen. Se durmieron sin darse cuenta y se despertaron cuando las doce campanadas de medianoche sonaron en el reloj de péndulo de la habitación.
–No nos movamos, he oído ruido –dijo Culculine–, y no es mi criada, está acostumbrada a no preocuparse por mí. Debe estar acostada.
Un sudor frío bañaba las frentes de Mony y de las jóvenes. Sus cabellos se pusieron de punta y los escalofríos recorrían sus cuerpos desnudos y merdosos.
–¡Hay alguien! –añadió Alexine.
–¡Hay alguien! –confirmó Mony.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:43 am

En este mismo momento se abrió la puerta y la poca luz que llegaba desde la nocturna calle permitió vislumbrar dos sombras humanas envueltas en abrigos con el cuello alzado y cubiertos con sombreros hongo.
Bruscamente, el primero de ellos hizo centellear una linterna que llevaba en la mano. El resplandor iluminó la habitación, pero en el primer momento los asaltantes no advirtieron el grupo tendido en el suelo.
–¡Esto huele muy mal! –dijo el primero.
–Entremos de todos modos, ¡debe haber guita en los cajones! –replicó el segundo.
Entonces, Culculine, que se había arrastrado hasta el interruptor de la luz, iluminó bruscamente la habitación.
Los asaltantes quedaron boquiabiertos ante las desnudeces:
–¡Mierda! –dijo el primero–, a fe de Cornaboeux, tenéis buen gusto.
Era un coloso moreno cuyas manos eran extraordinariamente velludas. Su barba enmarañada le hacía aún más feo de lo que era.
–Qué coña –dijo el segundo–, a mí me va la mierda, trae buena suerte.
Era un bribón macilento y tuerto que mascaba una apagada colilla.
–Tienes razón, Chalupa –dijo Comaboeux–, ahora mismo acabo de pisarla y para primera felicidad creo que voy a ensartar a la señorita. Pero primero pensemos en el joven.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:44 am

Y abalanzándose sobre el aterrorizado Mony, los asaltantes le amordazaron y le ataron brazos y piernas. Luego volviéndose hacia las dos trémulas mujeres, algo divertidas no obstante, Chalupa dijo:
–Y vosotras, muñecas, intentad ser amables; si no se lo diré a Prosper.
Llevaba un bastoncillo en la mano y se lo dio a Culculine ordenándole golpear a Mony con todas sus fuerzas. Luego colocándose a su espalda, sacó un pene delgado como un meñique, pero muy largo. Chalupa comenzó palmeándole las nalgas al tiempo que decía:
–¡Bien!, mi grueso carigordo, vas a tocar la flauta, me gusta la tierra amarilla.
Sobaba y palpaba ese culazo suave y, pasando una mano por delante, manoseaba el clítoris, luego bruscamente introdujo el delgado y largo pene. Culculine empezó a menear el culo mientras golpeaba a Mony que, al no poder gritar ni defenderse, se convulsionaba como un gusano a cada bastonazo, que le dejaba una marca roja que pronto se volvía violácea. Luego, a medida que la enculada avanzaba, Culculine, excitada, golpeaba más fuerte gritando:
–Puerco, toma, por tu sucia basura... Chalupa, éntrame tu palillo hasta el fondo.
El cuerpo de Mony quedó ensangrentado en un momento.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:44 am

Mientras tanto, Cornaboeux había agarrado a Alexine y la había tirado encima de la cama. Comenzó por mordisquearle los pechos que empezaron a endurecerse. Luego descendió hasta el coño y lo cubrió completamente con su boca, mientras tironeaba los preciosos pelos rubios y rizados de la mota. Se incorporó y sacó su miembro enorme, pero corto, con la cabeza violeta. Volteando a Alexine, empezó a golpear su culazo rosado; de vez en cuando pasaba la mano por el surco del culo. Luego se puso a la joven debajo del brazo izquierdo de manera que el coño quedara al alcance de su mano derecha. Con la izquierda la agarraba por la barba del coño... lo que le hacía daño. Ella se echó a llorar y sus gemidos aumentaron cuando Cornaboeux empezó a pegarle en las posaderas con todas sus fuerzas. Sus gruesos muslos rosados se estremecían y el culo temblaba cada vez que se abatía sobre él la enorme manaza del salteador. Con sus manecitas libres empezó a arañar la cara barbuda. Le estiraba los pelos del rostro igual que él le estiraba los mechones del coño:
–¡Esto funciona! –dijo Cornaboeux, y le dio la vuelta.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:45 am

En este preciso instante, ella se dio cuenta del espectáculo formado por Chalupa enculando a Culculine que golpeaba a Mony, completamente ensangrentado, y esto la excitó. La enorme verga de Cornaboeux chocaba contra su trasero, pero erraba el golpe, pegando a derecha y a izquierda o bien algo más arriba o algo más abajo, luego cuando encontró el agujero, colocó sus manos sobre las caderas tersas y redondeadas de Alexine y la atrajo hacia sí con todas sus fuerzas. El dolor que le causó ese enorme miembro que le desgarraba el culo la hubiera hecho aullar de dolor si no hubiera estado tan excitada por todo lo que acababa de pasar. Inmediatamente de haber entrado el miembro en el culo, Cornaboeux volvió a sacarlo, luego volteando a Alexine encima de la cama le hundió su instrumento en el vientre. El útil entró a duras penas a causa de su enormidad, pero desde que estuvo dentro, Alexine cruzó las piernas en torno a las caderas del asaltante y lo mantuvo tan apretado contra sí que si él hubiera querido escaparse no hubiera podido. Las culadas se encarnizaron. Cornaboeux le chupaba los pechos y su barba le raspaba, excitándola; ella introdujo una mano dentro de los pantalones e introdujo un dedo en el ojo del culo del asaltante. Enseguida empezaron a morderse como bestias salvajes, pegando culadas. Descargaron frenéticamente. Pero el miembro de Cornaboeux, constreñido en la vagina de Alexine, se endureció de nuevo. Alexine cerró los ojos para saborerar mejor este segundo abrazo. Descargó catorce veces mientras Cornaboeux lo hacía tres. Cuando volvió en sí, se dio cuenta de que su coño y su culo estaban ensangrentados. Habían sido heridos por la enorme verga de Cornaboeux. Vio a Mony convulsionándose en el suelo.
Su cuerpo no era más que una llaga.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:45 am

Culculine, por mandato del tuerto Chalupa, le chupaba la cola, arrodillada ante él:
–¡Vamos, de pie, golfa!–gritó Cornaboeux.
Alexine obedeció y él le pegó una patada en el culo que la hizo caer sobre Mony. Cornaboeux la ató de brazos y piernas y la amordazó sin tener en cuenta sus súplicas y, tomando el bastoncillo, empezó a rayarle a golpes su bonito cuerpo falsamente enjuto. El culo se estremecía a cada bastonazo, luego fue la espalda, el vientre, los muslos, los senos, quienes recibieron la paliza. Pataleando y debatiéndose, Alexine dio con el miembro de Mony que se erguía como el de un cadáver. Se acopló por casualidad al coño de la joven y se metió en él.
Cornaboeux redobló sus golpes que cayeron indistintamente sobre Mony y sobre Alexine que gozaban de una manera atroz. Al poco rato la bonita piel rosada de la rubia joven ya no era visible bajo los latigazos y la sangre que chorreaba. Mony se había desmayado, ella lo hizo un instante después. Cornaboeux, cuyo brazo empezaba a cansarse, se volvió hacia Culculine que intentaba que Chalupa descargara en su boca. Pero el tuerto no podía hacerlo.
Cornaboeux ordenó a la bella morena que separara los muslos. Tuvo grandes dificultades para ensartarla a la manera de los perros. Ella sufría mucho pero estoicamente, sin soltar la verga de Chalupa que continuaba chupando. Cuando Cornaboeux tomó posesión del coño de Culculine, le hizo levantar el brazo derecho y le mordisqueó el pelo de los sobacos donde tenía unos mechones muy tupidos. Cuando llegó el goce, fue tan intenso que Culculine se desvaneció mordiendo violentamente la verga de Chalupa. El lanzó un terrible grito de dolor, pero el glande ya estaba separado del cuerpo. Cornaboeux, que acababa de descargar, sacó bruscamente su machete del coño de Culculine que, desvanecida, cayó al suelo. Chalupa, desmayado, perdía toda su sangre. –Pobre Chalupa –dijo Cornaboeux–, estás jodido, es mejor morir deprisa.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:45 am

Y sacando un cuchillo, asestó un golpe mortal a Chalupa sacudiendo las últimas gotas de semen que colgaban de su miembro sobre el cuerpo de Culculine. Chalupa murió sin decir ni “uf”.
Cornaboeux se volvió a poner los pantalones con todo cuidado, vació todo el dinero de los cajones y de los vestidos; también se llevó los relojes, las joyas. Luego miró a Culculine que yacía, desvanecida, en tierra.
–He de vengar a Chalupa –pensó.
Y sacando de nuevo su cuchillo, asestó un terrible golpe entre las dos nalgas de Culculine que continuó desmayada. Cornaboeux dejó el cuchillo en el culo. En los relojes sonaron las tres de la madrugada. Entonces se marchó como había entrado, dejando cuatro cuerpos tendidos en el suelo de la habitación llena de sangre, de semen y de un desorden sin nombre.
Ya en la calle, se dirigió alegremente hacia Ménilmontant cantando: Un culo debe oler a culo. Y no como agua de Colonia... y también:
Luz de gas Luz de gas Alumbra, alumbra, a mi pimpollo.
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Capítulo IV-Las once mil vergas

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:47 am

Capítulo IV-Las once mil vergas

El escándalo fue enorme. Los periódicos hablaron de este asunto durante ocho días. Culculine, Alexine y el príncipe Vibescu tuvieron que guardar cama durante dos meses. Convaleciente, Mony entró una tarde en un bar, cerca de la estación de Montparnasse. Allí se bebe petróleo, que es una bebida deliciosa para los paladares hastiados de los otros licores.
Mientras degustaba el infame matarratas, el príncipe miraba de hito en hito a los consumidores. Uno de ellos, un coloso barbudo, iba vestido de mozo de la Halle y su inmenso sombrero polvoriento le daba el aspecto de un semidiós de leyenda dispuesto a acometer un trabajo heroico.
El príncipe creyó reconocer el simpático rostro del asaltante Cornaboeux. De improviso, le oyó pedir un petróleo con voz atronadora. Era la voz de Cornaboeux. Mony se levantó y se dirigió hacia él con la mano tendida:
–Hola, Cornaboeux, ¿está en los Halles, ahora?
–Yo –dijo, sorprendido–, ¿de qué me conoce usted?
–Le vi a usted en el 114 de la calle Prony –dijo Mony con tono desenfadado.
–No era yo –respondió muy asustado Cornaboeux–, yo no le conozco a usted, soy mozo de carga en los Halles desde hace tres años y bastante conocido allí. ¡Déjeme tranquilo!
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:47 am

–Basta de tonterías –replicó Mony–. Cornaboeux, eres mío. Puedo entregarte a la policía.
Pero me gustas y si quieres venir conmigo serás mi ayuda de cámara, me seguirás por todas partes. Te asociaré a mis placeres. Me ayudarás y me defenderás si ello es preciso. Además, si me eres completamente fiel, te haré rico. Contesta enseguida.
–Es usted un hombre de pelo en pecho y sabe hablar. Chóquela, soy su hombre.
Unos días después, Cornaboeux, ascendido al grado de ayuda de cámara, cerraba las maletas. El príncipe Mony era llamado con toda urgencia a Bucarest. Su íntimo amigo, el vicecónsul de Servia, acababa de morir, dejándole todos sus bienes, que eran considerables. Se trataba de minas de estaño, muy productivas desde hacía algunos años, pero que era necesario vigilar de muy cerca so pena de ver bajar inmediatamente su rendimiento. El príncipe Mony, como hemos visto, no amaba el dinero por él mismo; deseaba el máximo de riquezas posibles, pero tan sólo por los placeres que únicamente el oro puede procurar. Tenía continuamente en la boca esta máxima, pronunciada por uno de sus antepasados:
“Todo se vende; todo se compra; basta con ponerle precio”.
El príncipe Mony y Cornaboeux habían ocupado sus plazas en el Orient-Express; la trepidación del tren no tardó mucho en producir sus efectos. Mony entró en erección como un cosaco y lanzó miradas inflamadas sobre Cornaboeux. Fuera, el paisaje admirable del Este, de Francia, desplegaba ante la vista sus bellezas limpias y tranquilas. El compartimento estaba casi vacío; un vejestorio, espléndidamente vestido, gimoteaba mientras babeaba sobre el “Fígaro” que intentaba leer.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:48 am

Mony, que estaba envuelto en un amplio raglán, se apoderó de la mano de Cornaboeux y, haciéndola pasar por la abertura que hay en el bolsillo de esta cómoda vestimenta, la llevó hasta su bragueta.
El colosal ayuda de cámara comprendió el deseo de su amo. Su manaza era velluda, pero regordeta y más suave, de lo que nadie habría sospechado. Los dedos de Cornaboeux desabrocharon delicadamente los pantalones del príncipe. Agarraron la verga delirante que justificaba en todos sus aspectos el famoso díptico de Alphonse Aliáis:
La trepidación excitante de los trenes
Nos introduce deseos en la médula de los ríñones.
Pero un empleado de la Compagnie des Wagons-Lits entró y anunció que era hora de comer y que numerosos viajeros se hallaban ya en el vagón-restaurante.
–Excelente idea –dijo Mony–. ¡Cornaboeux, vamos a comer primero!
La mano del antiguo descargador salió de la abertura del raglán. Los dos se dirigieron hacia el comedor. La verga del príncipe permanecía erecta, y como no se había abrochado los pantalones, una protuberancia se destacaba en la superficie de su vestimenta. La comida empezó sin tropiezos, arrullada por el ruido de chatarra del tren y por los tintineos variados de la vajilla, de la cubertería y de la cristalería, turbada a veces por el salto brusco de un tapón de Apollinaris.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:48 am

En una mesa, en el extremo opuesto a la de Mony, se encontraban dos mujeres rubias y bonitas. Cornaboeux, que las tenía enfrente, las señaló a Mony. El príncipe se volvió, y reconoció en una de ellas, vestida más modestamente que la otra, a Mariette, la exquisita criada del Grand-Hotel. Se levantó inmediatamente y se dirigió hacia las damas. Saludó a Mariette y se dirigió a la otra joven que era bonita y acicalada. Sus cabellos decolorados con agua oxigenada le daban un aspecto moderno que encantó a Mony:
–Señora –le dijo–, le ruego que me disculpe. Me presento yo mismo, en vista de la dificultad de encontrar en este tren relaciones que nos sean comunes. Soy el príncipe Mony Vibescu, hospodar hereditario. Esta señorita, es decir, Mariette, que, sin duda, ha dejado el servicio del Grand-Hótel por el suyo, me dejó contraer hacia ella una deuda de gratitud de la que quiero liberarme hoy mismo. Quiero casarla con mi ayuda de cámara y dotarlos con cincuenta mil francos a cada uno.
–No veo ningún inconveniente para ello –dijo la dama–, pero he aquí algo que no tiene aspecto de estar mal constituido. ¿A quién la destina usted?
La verga de Mony había encontrado una salida y mostraba su rubicunda cabeza entre dos botones, en la parte anterior del cuerpo del príncipe que enrojeció mientras hacía desaparecer el aparato. La dama se echó a reír.
–Afortunadamente se halla usted colocado de tal modo que nadie le ha visto... hubiera sido bonito...
Pero conteste, ¿para quién es este temible instrumento?
–Permítame –dijo Mony galantemente– ofrecérselo como homenaje a su soberana belleza.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:49 am

–Veremos –dijo la dama– mientras esperamos y ya que usted se ha presentado, voy a presentarme yo también... Estelle Romange...
–¿La gran actriz del Frangaisi –preguntó Mony.
La dama asintió con la cabeza.
Mony, loco de alegría, exclamó:
–Estelle, hubiera debido reconocerla. Soy un apasionado admirador suyo desde hace mucho tiempo. ¿No habré pasado tardes enteras en el Théátre Franjáis, admirándola en sus papeles de enamorada? Y para calmar mi excitación, al no poder masturbarme en público, me hurgaba la nariz con los dedos, sacaba un moco consistente y me lo comía. ¡Estaba tan bueno! ¡Estaba tan bueno!
–Mariette, ve a comer con tu prometido –dijo Estelle–. Príncipe, coma conmigo. Sentados el uno frente al otro, el príncipe y la actriz se miraron amorosamente: –¿Dónde va usted?
–le pidió Mony. –A Viena, para actuar ante el Emperador. –¿Y el decreto de Moscú? –El decreto de Moscú me importa un pimiento; voy a enviar mi dimisión a Claretie... Me están marginando... Me hacen representar embolados... me rehusan el papel de Eoraká en la nueva obra de nuestro Mounet-Sully... Me voy... Nadie ahogará mi talento.
–Recíteme algo... unos versos –le pidió Mony.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:49 am

Mientras cambiaban los platos, ella le recitó L'Invitation au Voy age. Mientras se desarrollaba el admirable poema en el que Baudelaire ha puesto un poco de su tristeza amorosa, de su nostalgia apasionada, Mony sintió que los piececitos de la actriz subían a lo largo de sus piernas: bajo el raglán alcanzaron el miembro de Mony que pendía tristemente fuera de la bragueta. Allí, los pies se pararon y, tomando delicadamente el miembro entre ellos, comenzaron un movimiento de vaivén bastante curioso. Súbitamente endurecido, el miembro del joven se dejó acariciar por los delicados zapatos de Estelle Romange. Pronto, empezó a gozar e improvisó este soneto, que recitó a la actriz cuyo trabajo pedestre no cesó hasta el último verso:
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:50 am

Epitalamio

Tus manos introducirán mi bello miembro asnil
En el sagrado burdel abierto entre tus muslos
Y quiero confesarlo, a pesar de Avinain,
¡Qué me importa tu amor con tal que alcances gozo!
Mi boca a tus pechos blancos como petits suisses
Hará el abyecto honor de chupadas sin veneno
De mi verga masculina en tu coño femenino
El esperma caerá como el oro en los moldes
¡Oh, mi tierna puta! tus nalgas han vencido
De todos los frutos pulposos el sabroso misterio,
La humilde rotundidad sin sexo de la tierra,
La luna, cada mes, tan orgulloso de su culo
Y de tus ojos surge aunque les veles
Esta obscura claridad que de las estrellas cae.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:50 am

Y como el miembro había llegado al límite de la excitación, Estelle bajó los pies diciendo:
–Mi príncipe, no lo hagamos escupir en el vagón-restaurante; ¿qué pensarían de nosotros?... Déjeme agradecerle el homenaje rendido a Corneille en la punta de su soneto. Aunque esté a punto de abandonar la Comedie Frangaise, todo lo que afecta a la Casa forma parte constantemente de mis preocupaciones.
–Pero –dijo Mony–, después de actuar ante Francisco-José, ¿qué piensa hacer?
–Mi sueño –dijo Estelle– es llegar a ser estrella de café-concierto.
–¡Tenga cuidado! –replicó Mony–. El obscuro señor Claretie que cae de las estrellas le pondrá un juicio detrás de otro.
–No pienses en ello, Mony, hazme unos cuantos versos más antes de ir a la piltra.
–Bueno –dijo Mony, e improvisó estos deliciosos sonetos mitológicos.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:50 am

HERCULES Y ONFALA


El culo De Onfala Vencido Sucumbe
–” ¿Sientes
Mi falo
Punzante?
–”¡Qué macho!...
El perro ¡Me mata!...
¿Qué sueño?...
–...¿Aguantas?.”
Hércules
Le encula
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:51 am

PIRAMO Y TISBE


La señora
Tisbe
Se pasma:
“¡Bebé!”
Píramo
Inclinado
La ataca
“¡Hebé!”
La bella
Dice:
“¡Sí!, Luego ella
Goza,
Igual que
Su hombre.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:51 am

–¡Exquisito! ¡Delicioso! ¡Admirable! Mony, eres un poeta archidivino, ven a joderme al coche-cama, tengo el ánimo follador.
Mony pagó las cuentas. Mariette y Cornaboeux se miraban lánguidamente. En el pasillo Mony deslizó cincuenta francos al empleado de la Compagnie des Wagons-Lits que permitió que las dos parejas se introdujeran en la misma cabina:
–Usted se arreglará con la aduana –dijo el príncipe al hombre de la gorra–, no tenemos nada que declarar. Antes de pasar la frontera, dos minutos antes por ejemplo, llame a nuestra puerta.
Una vez en la cabina, se desnudaron los cuatro. Mariette fue la primera en quedar desnuda. Mony no la había visto nunca así, pero reconoció sus grandes muslos redondeados y el bosque de pelos que sombreban su rechoncho coño. Sus pechos estaban tan duros y tiesos como los miembros de Mony y de Cornaboeux.
–Cornaboeux –dijo Mony–, encúlame, y mientras me limpiaré esta linda muchacha.
Estelle se desvestía más lentamente y cuando quedó desnuda, Mony se había introducido a la manera de los perros en el coño de Mariette, que, mientras empezaba a gozar, agitaba su grueso trasero y lo hacía restallar contra el vientre de Mony. Cornaboeux había introducido su corta y gruesa nuez en el dilatado ano de Mony que berreaba:
–¡Puerco ferrocarril! No vamos a poder mantener el equilibrio.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:52 am

Mariette cloqueaba como una gallina y vacilaba como un tordo en las viñas. Mony había pasado los brazos a su alrededor y le aplastaba los pechos. Admiró la belleza de Estelle cuya tiesa cabellera revelaba la mano de un hábil peluquero. Era la mujer moderna en toda la acepción de la palabra: ondulados cabellos aguantados por peinetas de concha cuyo color combinaba perfectamente con la sabia decoloración de la cabellera. Su cuerpo era de una encantadora belleza. Su culo era vigoroso y provocativamente respingón. Su rostro maquillado con habilidad le daba el aspecto picante de una prostituta de lujo. Sus pechos eran un poco caídos, pero esto le sentaba muy bien; eran pequeños, menudos y en forma de pera. Al manosearlos, se notaban suaves y sedosos, tenían el tacto de las ubres de una cabra lechera y, cuando se giraba, brincaban como un pañuelo de batista arrugado como una bola al que se hiciera saltar en la palma de la mano.
En la mota, no tenía más que un pequeño mechón de pelos sedosos. Se echó encima de la litera y, haciendo una cabriola, colocó sus largos y vigorosos muslos alrededor del cuello de Mariette que, al tener el gato de su señora ante la boca, empezó a sorberlo con glotonería, hundiendo la nariz entre las nalgas, en el ojo del culo. Estelle ya había introducido su lengua en el coño de la doncella y chupaba a la vez el interior de un coño inflamado y la enorme verga de Mony que se meneaba ardorosamente en sú interior. Cornaboeux gozaba beatíficamente de este espectáculo. Su gruesa verga que ardía en el peludo culo del príncipe, iba y venía lentamente. Dejó escapar dos o tres buenos pedos que apestaron la atmósfera aumentando los goces del príncipe y de las dos mujeres. De golpe, Estelle empezó a gemir aterradoramente; su culo comenzó a bailar ante la nariz de Mariette cuyos cloqueos y culadas se hicieron más fuertes. Estelle lanzaba sus piernas enfundadas en seda negra y calzadas con zapatos de talón Luix XV a derecha y a izquierda. Agitándose de este modo, dio un golpe terrible a la nariz de Cornaboeux que quedó aturdido y empezó a sangrar copiosamente. “¡Puta!” aulló Cornaboeux y, para vengarse, pellizcó violentamente el culo de Mony. Este, enfurecido, pegó un terrible mordisco en el hombro de Mariette que descargó berreando. Bajó el efecto del dolor, plantó sus dientes en el coño de su señora que apretó histéricamente los muslos alrededor de su cuello.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:52 am

–¡Me ahogo! –articuló Mariette con dificultad.
Pero nadie la escuchó. El abrazo de los muslos se hizo más fuerte. El rostro de Mariette se tornó morado, su boca llena de espuma permanecía pegada al coño de la actriz.
Mony, aullando, descargaba en un coño inerte. Cornaboeux, los ojos fuera de sus órbitas, lanzaba su semen en el culo de Mony exclamando con voz exangüe:
–¡Si no quedas encinta, no eres hombre!
Los cuatro personajes se habían derrumbado. Tendida en la litera, Estelle rechinaba los dientes y pegaba puñetazos en todas direcciones mientras pataleaba furiosamente. Cornaboeux meaba por la portezuela. Mony trataba de retirar su verga del coño de Mariette. Pero no había manera. El cuerpo de la doncella estaba completamente inmóvil.
–Déjame salir –le decía Mony, y la acariciaba, luego la pellizcó en los muslos, la mordió, pero no hubo nada que hacer.
–¡Ven a separarle los muslos, se ha desmayado! –dijo Mony a Cornaboeux.
Con grandes dificultades Mony consiguió sacar su miembro del coño que se había estrechado terriblemente. Enseguida trataron de hacer volver en sí a Mariette, pero no hubo nada que hacer.
–¡Mierda!, ¡ha estirado la pata!–dijo Cornaboeux.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:53 am

Y era cierto, Mariette había muerto estrangulada por las piernas de su señora, estaba muerta, irremediablemente muerta.
–¡Estamos frescos! –dijo Mony.
–Esta marrana es la causa de todo –opinó Cornaboeux señalando a Estelle que comenzaba a calmarse.
Y tomando un cepillo del neceser de viaje de Estelle, empezó a golpearla violentamente. Las cerdas del cepillo la pinchaban a cada golpe. Este castigo parecía excitarla extraordinariamente.
En este momento, llamaron a la puerta.
–Es la señal convenida –dijo Mony–, dentro de unos instantes pasaremos la frontera. Es preciso, lo he jurado, dar un golpe, medio en Francia, medio en Alemania. Agarra a la muerta. Mony, con la verga tiesa, se arrojó sobre Estelle que, con los muslos separados, le recibió en su coño ardiente gritando:
–¡Métemela hasta el fondo, toma!... ¡toma!...
Las sacudidas de su culo tenían algo de demoníaco, su boca dejaba resbalar una baba que¿ mezclándose con los afeites, goteaba infecta sobre el mentón y sobre el pecho; Mony le metió la lengua en la boca y le hundió el mango del cepillo en el ojo del culo. Bajo el efecto de esta nueva voluptuosisad, ella mordió tan violentamente la lengua de Mony que él tuvo que pellizcarla hasta hacerla sangrar para conseguir que la soltara.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:53 am

Entretanto, Cornaboeux había dado vuelta el cadáver de Mariette cuya cara amoratada era horrorosa. Le separó los muslos e hizo entrar dificultosamente su enorme miembro en la abertura sodómica. Entonces dio rienda suelta a su ferocidad natural. Sus manos arrancaron mechón a mechón los rubios cabellos de la muerta. Sus dientes desgarraron la espalda de una blancura polar y la sangre roja que brotó, tenía el aspecto de estar expuesta sobre nieve. Un instante antes del goce, introdujo su mano en la vulva aún tibia y haciendo entrar completamente su brazo en ella, empezó a tirar de las tripas de la desgraciada doncella. En el momento del goce, ya había sacado dos metros de entrañas y se había rodeado la cintura con ellos como quien se coloca un salvavidas.
Descargó vomitando su comida tanto por las trepidaciones del tren como por las emociones que había experimentado. Mony acababa de descargar y contemplaba con estupefacción a su ayuda de cámara que hipaba repulsivamente mientras vomitaba sobre el cadáver destrozado. Los intestinos y la sangre se mezclaban con los vómitos, entre los cabellos ensangrentados.
–Puerco infame –exclamó el príncipe–, la violación de esta joven muerta con la que debías casarte según mi promesa, pesará duramente sobre ti en el valle de Josafat. Si no te quisiera tanto, te mataría como a un perro.
Cornaboeux se levantó, ensangrentado, expulsando las últimas boqueadas de su vómito. Señaló a Estelle cuyos ojos dilatados contemplaban con horror el inmundo espectáculo:
–¡Ella tiene la culpa de todo! –manifestó.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:53 am

–No seas cruel –dijo Mony– te ha dado ocasión para satisfacer tus gustos de necrófilo. Y como pasaban sobre un puente, el príncipe se asomó a la portezuela para contemplar el romántico panorama del Rhin que desplegaba sus esplendores verdosos y se extendía en largos meandros hasta el horizonte. Eran las cuatro de la mañana, algunas vacas pacían en los prados, unos niños bailaban bajo los tilos germánicos. Una música de pífanos, monótona y fúnebre, anunciaba la presencia de un regimiento prusiano y la melopea se mezclaba tristemente al ruido de chatarra del puente y al sordo acompañamiento del tren en marcha. Unos pueblos felices animaban las orillas dominadas por los burgos centenarios y las viñas renanas exponían hasta el infinito su mosaico regular y precioso.
Cuando Mony se giró, vio al siniestro Cornaboeux sentado sobre el rostro de Estelle. Su culo de coloso cubría la cara de la actriz. Se había cagado y la mierda hedionda y blanduzca caía por todos lados.
Asía un enorme cuchillo y araba con él en el vientre palpitante. El cuerpo de la actriz tenía breves sobresaltos.
–Espera –dijo Mony– permanece sentado.
Y, acostándose sobre la moribunda, hizo entrar su erecto miembro en el coño expirante. Gozó así de los últimos espasmos de la asesinada, cuyos postreros dolores debieron ser horribles, y empapó sus brazos con la sangre cálida que brotaba del vientre. Cuando hubo descargado, la actriz ya no se movía. Estaba rígida y sus ojos trastornados estaban llenos de mierda.
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:54 am

–Ahora –dijo Cornaboeux– tenemos que salir por piernas.
Se limpiaron y se vistieron. Eran las seis de la mañana. Saltaron por la portezuela y valientemente se acostaron sobre los estribos del tren lanzado a toda velocidad. Luego, a una señal de Comaboeux, se dejaron caer suavemente sobre el balasto de la vía. Se levantaron algo aturdidos, pero sin ningún daño, y saludaron con un estudiado gesto al tren que ya se empequeñecía al alejarse.
–¡Ya era hora! –dijo Mony.
Alcanzaron el pueblo más cercano, reposaron dos días en él, luego volvieron a tomar el tren para Bucarest.
El doble asesinato en el Orient-Express alimentó los periódicos durante seis meses. No encontraron a los asesinos y el crimen fue cargado en la cuenta de Jack el Destripador, que tiene unas espaldas muy anchas.
En Bucarest, Mony recogió la herencia del vicecónsul de Servia. Sus relaciones con la colonia servia le hicieron recibir, una tarde, una invitación para pasar la velada en casa de Natacha Kolowitch, la esposa del coronel encarcelado por su hostilidad a la dinastía de los Obrenovitch.
Mony y Cornaboeux llegaron hacia las ocho de la tarde. La bella Natacha estaba en un salón tapizado en negro, iluminado con velas amarillentas y adornado con tibias y calaveras:
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Re: LAS ONCE MIL VERGAS DE GUILLAUME APOLLINAIRE

Mensaje por Galius el Miér Abr 22, 2015 1:54 am

–Príncipe Vibescu –dijo la dama–, vais a asistir a una sesión secreta del comité antidinástico de Servia. Esta noche se votará, no me cabe la menor duda, la muerte del infame Alejandro y de Draga Machine, su puta esposa; se trata de restablecer al rey Pedro Karageorgevitch en el trono de sus antepasados. Si reveláis lo que veréis y oiréis, una mano invisible os matará, estéis donde estéis. Mony y Cornaboeux se inclinaron. Los conjurados llegaron de uno en uno. André Bar, el periodista parisino, era el alma del complot. Llegó, fúnebre, envuelto en una capa española.
Hicieron entrar a una extraña pareja: un muchachito de diez años vestido de gala, el sombrero bajo el brazo, acompañado por una niña encantadora que no tendría más de ocho años; estaba vestida de novia; su traje de satén blanco estaba adornado con ramilletes de flores de naranjo.
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