BIOGRAFÍA DE JOHN FITZGERALD KENNEDY. III

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Mensaje por maría verónica el Dom Oct 04, 2015 8:52 am

BIOGRAFÍA DE JOHN FITZGERALD KENNEDY. III Kennedy-color


La era de Kennedy.


Esta etapa muestra la tendencia a un cambio significativo en la política estadounidense. En su discurso de toma de posesión, el demócrata John F. Kennedy hizo un llamado a su pueblo para “vencer a los enemigos naturales del hombre: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra”, al tiempo que anunciaba un programa de reformas tendentes a lograr la recuperación económica del país y a mejorar el nivel de vida de la población. Respecto al primer punto, Kennedy puso en marcha una serie de medidas keynesianas que tuvieron un éxito relativo al aumentar ligeramente el ritmo de crecimiento económico.

Sin embargo, esas medidas fueron obstaculizadas por una parte del sector industrial, específicamente la rama del acero, cuyos empresarios rechazaron el control de precios impuesto por el gobierno, aunque finalmente hubieron de ceder ante la enérgica reacción del presidente. Con referencia a las reformas sociales, el gobierno de Kennedy aumentó las prestaciones de seguridad social y el salario mínimo, y también se preocupó por desarrollar las zonas regionales más atrasadas, mediante una ley de vivienda destinada a la renovación urbana, reducción de los tipos de interés de las hipotecas, y otras medidas orientadas a ayudar a los pobres. No obstante, muchos de los proyectos en este sentido fueron bloqueados por el Congreso y Kennedy no pareció dispuesto a presionar para lograr su aprobación.

La nueva administración se empeñó desde el primer momento en luchar contra la inflación y, en los años posteriores, los Estados Unidos iniciaron una etapa del expansión económica sin precedentes. Propuso una serie de nuevas y eficaces medidas para mejorar las condiciones de los negros, promulgando leyes antirraciales, que siguieron en vigor bajo la presidencia de sus sucesores. Su política exterior se caracterizó por la búsqueda de la distensión: por vez primera, un presidente ruso, Kruschov, y uno estadounidense, Kennedy, se reunían para tratar temas bilaterales. Parecía verdaderamente que unos aires nuevos soplaban en la política mundial, cuando una mano, no se sabe por qué oscuros intereses guiada, truncó la vida del presidente. Su hermano Robert recogió el testigo de su política, pero también fue asesinado en mayo de 1968.

Ante el problema racial, Kennedy —que desde su campaña electoral se había comprometido a tomar una serie de medidas a favor de los negros al punto que algunos de ellos llegaron a ocupar puestos importantes en su gobierno— se propuso decididamente a poner fin a la discriminación racial. Ante la actitud intransigente del gobernador del estado de Alabama que insistía en prohibir la entrada de estudiantes negros a un centro universitario, Kennedy apareció en televisión haciendo un llamado a la población blanca segregacionista para que entrara en razón, al tiempo que, en su calidad de presidente, se pronunciaba como defensor de los derechos civiles de los negros. Más adelante, envió al Congreso un proyecto de ley que contemplaba una serie de medidas tendentes a terminar con la discriminación.

Pero ni la población blanca ni el Congreso atendieron al llamado del presidente; la ola de violencia continuaba creciendo mientras el proyecto de ley sobre derechos civiles quedaba estancado. Permanecía aún sin resolverse en noviembre de 1963 cuando el asesinato de Kennedy en Dallas, Texas, parecía poner trágico fin a una era de grandes expectativas y promesas de cambio para la sociedad estadounidense.

John F. Kennedy puso en marcha un programa de reformas tendentes a lograr la recuperación económica del país y a mejorar el nivel de vida de la población y se propuso decididamente a poner fin a la discriminación racial. A pesar del tono belicoso marcado por la Guerra Fría, Kennedy prometió negociar con los soviéticos y lanzó un llamamiento conmovedor al altruismo, un voto de ayuda a «aquellas personas que luchan por pasar los límites de la miseria». Uno de los primeros actos de Kennedy fue establecer el Cuerpo de Paz, una organización que envió decenas de miles de jóvenes idealistas a las naciones en desarrollo, la mayoría como profesores, para enseñar a su población a ayudarse a sí misma.


LA TRAGEDIA DE DALLAS

Sobre este fatal acontecimiento muchos de sus impresionantes detalles entraron en todos los hogares por las pantallas de la televisión. Las bien estudiadas y organizadas etapas del viaje eran San Antonio, Houston, Forth Worth, Dallas. Luego iría a Austin, el famoso “rancho” L. B. J. del vicepresidente. No se pasó de Dallas. Fueron muchas las medidas de seguridad, pues buena parte de la prensa texana se mostraba furibunda con la visita, pero nada hizo presentir la tragedia hasta el momento en que se produjo. Cordiales recibimientos de fieles y curiosos. Apretones de manos. Sonrisas. Inauguraciones. Discursos de circunstancias.

Finalmente, en el aeropuerto de Dallas, el de Love Fielcl, se organiza una caravana de coches. En el primero, un Lincoln convertible, van el presidente Kennedy y la “primera dama”, acompañados, en los asientos delanteros, por el gobernador demócrata John Connally y su esposa Nellie. En el segundo, poderoso vehículo blindado, van agentes del servicio secreto, armas en mano. En el tercero, el vicepresidente Johnson y su esposa Lady Bird están acompañados por el senador demócrata “liberal” Ralph Yarborough y otro agente. Siguen otros muchos. Más saludos. Se iba a un banquete, tras el que habría más discursos.

Se está en una curva del itinerario, cerca de la intersección de tres calles. Se deja atrás un sólido y feo edificio destinado a depósito de textos escolares. “No podrá decir ahora que Dallas no le es propicia”, comenta sonriente la señora Connally, volviéndose hacia el presidente Kennedy, quien asiente, también con expresión risueña. En esto, suenan unos tiros. Varios. Mortalmente certeros. El presidente, bañado en sangre, se desploma hacia su izquierda, sobre el hombro y luego sobre el regazo de su Jacqueline. “¡Oh, no! Oh, no!”, es lo único que acierta a decir la angustiada mujer. Pero esta es otra historia, que si lo desea puede ampliar desde aquí
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Mensaje por Candela el Mar Jul 26, 2016 9:45 pm

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