EL ALMOHADÓN DE PLUMAS

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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 3:56 am

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical
y tímida, el carácter duro de su marido heló sus
soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo,
a veces con un ligero estremecimiento cuando
volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva
mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde
hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente,
sin darlo a conocer.
Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron
una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado
menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva
e incauta ternura; pero el impasible semblante de su
marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos.
La blancura del patio silencioso —frisos,
columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal
impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial
del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes,
afirmaba aquella sensación de desapacible frío.
Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco
en toda la casa, como si un largo abandono hubiera
sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el
otoño. No obstante, había concluido por echar un velo
sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en
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EL ALMOHADÓN DE PLUMAS Empty Re: EL ALMOHADÓN DE PLUMAS

Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 3:57 am

la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba
su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de
influenza1 que se arrastró insidiosamente días y días;
Alicia no se reponía nunca.
Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo
de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto
Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza,
y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos
alcuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando
el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego
los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato
escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al
día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán
la examinó con suma atención, ordenándole calma y
descanso absolutos.
—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de la calle, con
la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no
me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta
como hoy, llámeme en seguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatose
una anemia de marcha agudísima, completamente
inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se
iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio
estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasá-
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 3:58 am

banse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba.
Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida.
Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con
incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos.
A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo
vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada
vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas
y flotantes al principio, y que descendieron luego a
ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente
abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro
lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de
repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para
gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar
de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia
dio un alarido de horror.
—¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a
mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación,
se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano
de su marido, acariciándola temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide,
apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía
fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante
de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 3:59 am

día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la
última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la
pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La
observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—.
Es un caso serio... poco hay que hacer...
—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó
bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia,
agravado de tarde, pero que remitía siempre en las
primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad,
pero cada mañana amanecía lívida, en síncope
casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera
la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar
la sensación de estar desplomada en la cama
con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este
hundimiento no la abandonó más. Apenas podía
mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni
aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares
avanzaron en forma de monstruos que se
arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente
por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró
sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente
encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio
agónico de la casa, no se oía más que el delirio
monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de
los eternos pasos de Jordán.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:00 am

Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer
la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón
hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente y se dobló a su vez.
Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco
que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas
oscuras.
—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después
de un rato de inmóvil observación.
—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero en seguida lo dejó caer, y
se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber
por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
—¿Qué hay? —murmuró con la voz ronca.
—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron
con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda
y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron,
y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca
abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós
2: sobre
el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las
patas velludas, había un animal monstruoso, una bola
viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le
pronunciaba la boca

___________________________
2 bandós:bandas de cabello con raya en medio, peinado típico de la época.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:05 am

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama,
había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor
dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La
picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del
almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero
desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa.
En cinco días, en cinco noches, había vaciado a
Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio
habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones
enormes. La sangre humana parece serles
particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los
almohadones de pluma.

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Mensaje por FANTASIA el Miér Abr 12, 2017 6:45 am

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Mensaje por Admin el Lun Ago 21, 2017 7:22 am

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