LA CULPA

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LA CULPA

Mensaje por Roana Varela el Sáb Ago 19, 2017 4:32 pm


DE LEONARDO  STREJILEVICH


El que esté libre de culpa que tire la primera piedra Jesús De Nazaret; San Juan 8, 7 (…“y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: el que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero”) La locura y la culpa siempre estuvieron presentes en la sociedad humana y en la mente, plagada de conflictos, de cada uno de los seres humanos. La culpa deriva del pecado original; el judaísmo construyó la concepción social del pecado y de la culpa (por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa…).

 Según este antecedente, los hombres nunca quedan libres de la concupiscencia, es decir, de la tendencia al mal. 
Los hombres podemos destruir nuestro propio cuerpo, exterminar a nuestros semejantes, arrasar con el entorno y todo esto y más aún a pesar de la racionalidad que se nos atribuye. La moira o el destino de la humanidad en el tercer milenio nos sorprende con imparable explosión demográfica, creciente desocupación, aumento de la angustia existencial, destrucción de la tabla de valores tradicional y carencia del sentimiento de culpa especialmente hacia adentro de cada uno, hacia uno mismo; queremos vencer a la muerte y al paso del tiempo y matamos para impedir ser matados.

 La culpa es siempre personal pero bien puede ser legal o religiosa. Para el Derecho la culpa es una entidad objetiva ligada frecuentemente a la responsabilidad de las personas dado que la culpa deriva de un acto voluntario, con pleno discernimiento, conciencia, intención y libertad de acción. Sin embargo, la realidad indica que las leyes siguen multiplicándose, muchas veces inútilmente, para controlar la agresión y la violencia de la que es capaz el ser humano. La culpa determina como consecuencia el castigo o la sanción para recomponer el equilibrio legal. El victimario debe satisfacer y reparar el daño a la víctima y, en todo caso, desalentar las acciones humanas fuera de los carriles que manda la Ley y el Derecho. La culpa actúa, preocupa, carcome el alma de cada ser humano, genera remordimientos pero al mismo tiempo, sin culpa no hay orden, paz ni convivencia posible; la culpa siempre es la consecuencia de haber procedido mal. La culpa sostiene, respalda y nutre la conciencia moral y funciona como la gran inhibidora de las malas acciones y la agresividad y hace sufrir intensamente a las personas. El miedo al reproche, la sanción o el castigo impide de algún modo la intención de provocar el mal.

Se puede tener conciencia de culpa pura sin contenido, padecer por el autorreproche, tener angustia, congoja y hasta trastornos persecutorios. El autorreproche, muchas veces, no guarda proporción con la magnitud de la transgresión y pese a ello la culpa se convierte en un tábano para la mente. La culpa es una reacción normal. Sin embargo, cuando se tiene este sentimiento conviene estar alerta para que la potente combinación de los sentimientos de frustración no resuelta y de culpa no se convierta en una seria sobrecarga o agobio que desemboque en problemas más serios. La preocupación excesiva de una persona por el secreto y la elevada dosis de culpa surgen del hecho de otorgar demasiada importancia a sus faltas reales o imaginarias o que siente una profunda desconfianza respecto de su ambiente.

La culpa es una autocrítica de una conducta concreta. Nos culpamos de algo que hicimos o que dejamos de hacer. Surge de la sensación de que se han incumplido las propias normas morales y esto suele acabar por pasar factura emocional. Conviene que entre los pensamientos y consecuencias se llegue a la conclusión de que nadie es perfecto, que ser una buena persona no significa que nunca haga las cosas mal, que puede intentar perdonarse a sí mismo y tratar de enmendar sus acciones en la medida de lo posible. En ocasiones, el sentimiento de culpa es un sentimiento objetivo.

 Tras revisar el suceso y analizarlo detenidamente el paso siguiente es arrepentirse y pedir perdón. Eso sí, siempre hay que distinguir entre lo que ya ha pasado y el presente (el aquí y ahora). Centrarse en el presente, asumir que nadie es perfecto, no castigarse a uno mismo de manera destructiva, junto con una actitud reparadora son modos de afrontar de una manera sana este tipo de culpa. En el caso de que no se pueda llevar a cabo una reparación directa sobre la persona sobre la que se ha ejercido el daño objetivo uno siempre puede ejercer una reparación indirecta (por ejemplo, ayudar a otras personas similares, colaborar en actividades solidarias, hablar con otras personas sobre los errores que se han cometido para que no se vuelvan a repetir… o cualquier otra que a usted se le ocurra). En cualquier caso lo importante es pensar bien si el sentimiento de culpa es verdaderamente un sentimiento objetivo porque la mayor parte de las veces no lo es. En muchas ocasiones nos sentimos culpables sin tener razones suficientes para ello. Algunas personas, que suelen ser altamente peligrosas, no sienten culpa, la ignoran (psicópatas, canallas); ninguna sanción o castigo las hacen cambiar.

 La culpa como otros componentes del mundo emocional funciona dentro de nuestros cerebros en que funcionalmente la parte ética desaprueba las malas acciones y genera culpa. La culpa es un método y un medio cultural de dominio y sujeción y, como dijimos, es necesaria para permitir la convivencia de los seres humanos e inhibir la agresión. El hombre no nace con la capacidad de discriminar lo bueno de lo malo; adquiere esta noción después de un largo entrenamiento que le imparte la religión, los padres, los educadores, los modelos; para que haya culpa debe preexistir la noción bueno-malo. Las personas se hacen responsables cuando antes han incorporado la noción de culpa.

LEONARDO STREJILEVICH
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