NARCISO

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NARCISO

Mensaje por Armando Lopez el Mar Oct 23, 2018 6:05 am

La ninfa Eco era demasiado parlanchina y distraía a menudo a la diosa Hera con sus
charlas, mientras su divino esposo, el enamoradizo Zeus, la engañaba con otras
ninfas. La celosa Hera lo advirtió y, enojada, castigó a Eco dejándola muda, y
condenada tan sólo a repetir, con su voz, las palabras ajenas. La ninfa se enamoró
perdidamente del bello Narciso, pero no logró que él le hiciera ningún caso. El
muchacho era hijo de la ninfa Liríope y del río Céfiro, en Beocia. Un extraño oráculo
dijo sobre él que viviría largo tiempo si no llegaba a conocerse, es decir, a verse a sí
mismo.
Un buen día, asomado a un estanque, descubrió Narciso su bella imagen que lo
miraba desde la superficie del agua con grandes ojos. El joven se quedó prendado de
esa figura seductora en el agua, y comenzó a pasar su tiempo observándola,
observándose. Nada le enamoraba más que su propio retrato que se movía según sus
propios gestos. La diosa Afrodita castigaba con ese amor imposible el desdén del
joven por el amor de otros. La pobre Eco fue languideciendo de amor y se hizo tan
sutil que desapareció, quedando sólo su voz, repetitiva y vana, sin merecer su
atención. Como no cesaba nunca de contemplarse, Narciso dejó de correr, divertirse y
hasta de comer, quedándose en el borde del agua mirándose, cada vez más escuálido
hasta que murió. De su sangre salió una flor, que adoptó su nombre: el narciso .

C. Carcia Gual, Diccionario de mitos
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