EL ENIGMA DE HITLER. SALVADOR DALÍ

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EL ENIGMA DE HITLER. SALVADOR DALÍ

Mensaje por sabra el Jue Nov 15, 2018 6:18 pm







EL ENIGMA DE HITLER
SALVADOR DALÍ .1930
Museo: Museo Reina Sofía, Madrid (España)
Técnica: Óleo (95 x 141 cm.)


La obra manifiesta el panorama desolador que presagiaba la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el fracaso de las conversaciones entre Inglaterra y la Alemania Nazi, así como la hambruna que acompañaría a esta terrible etapa de la Historia Humana.

Esta excelente pintura, deprimente y sombría como debe ser, de un extraordinario simbolismo, le valió a Dalí ser expulsado del Movimiento Surrealista. Desde la década de 1930, el artista manifesto una fuerte admiración por el dictador, principalmente por la forma del manejo de masas, su elocuencia y por algunos rasgos físicos que él mismo describía en sus "Confesiones inconfesables", como producto de los sentimientos encontrados y poco claros que le producía el Fürher. En 1934 le había sido prohibido pintar una cruz svática sobre una banda que llevaba una enfermera en un cuadro previo que había realizado, por lo que el Movimiento Surrealista vió en Dalí una enfermiza obsesión por el nazi, evidenciando, probablemente, una doble y dudosa moral así como creencias políticas no muy bien vistas.

Después de haber tenido esa discusión con los surrealistas, Dalí decidió pintar otro cuadro controversial con temática política, como cuadros con temas históricos. En este caso decidió hacerlo sobre Hitler, a quien identificó como Maldoror. Desde principios de la década de los 30, el artista ya tenía una gran admiración por el dictador por su manera de dominar a las masas y su elocuencia. En 1934 le prohibieron pintar la svástica pero Dalí no paró. La representación de Hitler sobrepasó el límite aceptable y desde ese momento quedó completamente vetado del Movimiento surrealista. El español abandonó Europa y se marchó a Estados Unidos para comenzar a pintar cuadros religiosos.

Dalí siempre fue polémico. A los surrealistas ya nunca les había gustado el descaro con el que exhibía públicamente sus obsesiones sexuales, su rechazo de militar en el comunismo y su pasión por el dinero.

Pero la representación de Hitler en un año como ese ya sobrepasó el límite de lo aceptable, por lo que decidieron excluirlo del grupo liderado por André Breton.

La escena fue mas o menos así:

Era la reunión surrealista de turno en 42 de la calle Fontaine. Los compañeros estaban planteándose expulsar a Dalí por sus últimos cuadros, en los que parecía casi glorificar al nuevo canciller alemán.

Dalí hizo su entrada abrigadísimo con numerosos jerseys y un termómetro bajo la lengua y, mientras se iba quitando la ropa, comenzó su defensa de forma bastante coherente, aludiendo a los sueños, el canibalismo de los objetos, el gran masturbador, la costilla de cordero y la langosta cuya disposición de la carne en relación con el hueso establece sorpendentemente contradicciones.

Después, en nombre del surrealismo, aprobó las persecuciones nazis presentando a Hitler como una especie de genial Cecil B. de Mille de la masacre. Dalí le dijo a Breton que nadie podía impedir que soñara con él: «Es tan mimosito y besucón con su bigotito…»

Finalmente, Dalí casi desnudo espetó «Es lo mismo, mi querido Breton, que si yo soñase hoy que estoy con usted en una posición amorosa, mañana por la mañana no dudaría en pintar esta escena con todos sus detalles».

Breton se quedó pálido. Al momento fue expulsado y el pintor dijo mientras recogía la ropa: «Je suis desolé».

Más tarde comentaría esa frase de «la diferencia entre los surrealistas y yo es que yo soy surrealista».

Este óleo nos muestra un teléfono derritiéndose, con el cable cortado, impidiendo toda comunicación y colgando de una frágil rama de olivo (suponemos que simbolizando la paz). El aparato se derrite como un queso camembert sobre un plato medio vacío con apenas unas pocas judías y la foto-carnet de Adolf Hitler.

Vemos muchos otros elementos como murciélagos (que lo aterrorizaban desde niño) un paraguas cerrado (que alude al primer ministro inglés, Neville Chamberlain) y un cielo encapotado, que presagia los duros tiempos que se avecinaban.

Como en su «Premonición de la guerra civil», Dalí prevé los horrores que vendrían después de La conferencia de Munich, y lo cierto es que se quedó corto.

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