EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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EL OBJETO DE MI PERFECCIÓN

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Mensaje por Marcela Noemí Silva Sáb Jun 18, 2022 5:08 am

EL OBJETO DE MI PERFECCIÓN 882f4e10


Ella duerme con la tranquilidad de quien tiene el poder asegurado, sin saber que estará atada a mí hasta la muerte.  ¡Es tan hermosa! Hasta diría que me da ternura observarla. No sabía que sonreía en sueños; jamás imaginé que se abrazaba a su perrito de peluche con tanto cariño. Está preciosa con su camisolín de raso negro y con su tatuaje de flores bordeando la circunferencia de sus nalgas. Se la ve muy sugestiva con el antifaz de satén que compró para su amante; hasta cuando duerme es elegante. El encaje rojo en su ropa interior es una obra de arte y el detalle de las mariposas de seda cubriendo la aureola de sus senos es perfecto. Está vestida para una noche de sexo, pero no soy un pervertido. Me hace feliz tocar su cabello con un montón de rulos, hasta puedo jugar con ellos sin despertarla. Por suerte el narcótico hizo su efecto, pensé que nunca se dormiría.

¡Si sus amantes la vieran como la veo ahora! Con sus muslos blancos al descubierto y su tatuaje de elefante de la suerte. Más de uno me tendría envidia por tener semejante mujer. Sé que la competencia quiere estar en mi lugar, pero ya perdieron esa carrera; a partir de esta noche no lo están y jamás lo estarán. Sé la ve tan inocente cuando duerme, pero todos saben que ella es peor que el veneno, sin embargo, la desean aunque le arruine la vida a más de uno.

Ante sus competidores es la mujer dominante de hierro, arrogante como una loba, soberbia como una hiena y con un corazón más frío que un iceberg. En la empresa, se la ve siempre maltratando a sus empleados o a quien se interponga en su camino. Todos le temen, menos yo, que soy un ser insignificante para ella. Es increíble que me haya ganado el derecho de estar a su lado, sentado a los pies de su cama, observándola embelesado. Pienso en su rechazo y acaricio la tersura de su piel. Me gusta contemplarla mientras duerme y atesoro este magnífico momento que es tan solo mío.

Para mí es un sueño ser su cuarto marido, aunque ella no me considere como tal y solo sea su alfeñique por conveniencia. Según las malas lenguas, es como la viuda negra y no me extraña. Asesinó a mis padres para apoderarse de la empresa familiar y no me extraña que haya asesinado a sus cónyuges . Entre tantas dudas y certezas no me quejo. Vivo a su sombra como un perrito faldero y acepto sumiso su temperamento. No me importa si me insulta o si me humilla ante sus amantes, ni siquiera le cuestionaré la póliza de seguro que sacó a mis espaldas. Es mi esposa ante la ley y ese detalle importante, ni ella podrá cambiarlo con todo el poder que atesoró en todos estos años a costa de mi padre y menos cambiará mi obsesión por ella. Susana es el objeto de mi perfección y ni siquiera el psicoanálisis logró cambiar eso.

Todo comenzó durante mi adolescencia. Me regalaron un par de prismáticos y sin darme cuenta me transformé en un fisgón, lo cual me trajo serios problemas.  Mis padres eran el blanco fácil de las quejas de los vecinos, hasta se me tildó de pervertido. Mis víctimas se quejaban todo el tiempo, menos Susana, mi actual esposa.  Durante mi adolescencia la espié cuando se bañaba, siempre escondido detrás de la ventana de su baño que daba al jardín de nuestra casa. Por años dibujé su desnudez en mi memoria, conocí cada detalle de su cuerpo, hasta las intimidades más excitantes que desarrollaba en su tina de baño, pero la mala suerte me jugó en contra cuando mi madre me descubrió. La pobre armó tal escándalo, que casi se infarta. Mi padre harto de lidiar con mi comportamiento no tuvo mejor idea que ponerme a trabajar en su empresa. Me llevó a la cueva de la loba, porque allí trabajaba Susana como secretaria ejecutiva. Cuando me saludó con su sonrisa malévola, se me paró el corazón y comencé a buscar cualquier excusa para estar con ella.  Mi padre sabiendo de mi obsesión, me prohibió entablar cualquier tipo de conversación con Susana, años después me enteré de que estaba celoso.

En esa época recuerdo que por ser el hijo del dueño me sentí importante, hasta que los años me hicieron ver que siempre fui un fracasado para los negocios. Mi padre tenía la esperanza de que algún día me haga cargo de todos sus negocios, pero el trabajar junto a él fue una pesadilla. El pobre trató de enseñarme el trabajo de importación y exportación de cueros, pero siempre fui un bruto para las matemáticas y todo lo concerniente a los números me era chino básico. Como era un inútil, me rotaron por todas las áreas de la empresa, en ningún lado encajaba, hasta que terminé de carpintero en una oficina minúscula improvisada. Mi padre sentía vergüenza de mi fracaso, sin embargo, trabajé ocho años en el área de mantenimiento. Mi oficina estaba repleta de cables, herramientas, mobiliarios rotos. Me apasionaba tanto, que siempre era el último en retirarme de la empresa.

En unas de esas noches en que me quedé trabajando hasta tarde, escuché risas ahogadas en el despacho de mi padre.  Me indigné pensando que el guardia de seguridad usaba el lugar para sus conquistas de turno.  Sigiloso entré para sorprenderlo y el sorprendido fui yo.  En el sillón presidencial estaba Susana casi desnuda y mi padre arrodillado llorando con los pantalones a medio subir.  En ese entonces se me partió el corazón y comprendí, porque Susana nunca se quejaba cuando la espiaba. Era la amante del viejo y vaya a saber desde cuándo. En ese momento comprendí las ausencias de mi padre los fines de semana, hasta el faltazo de las fechas importantes. Siempre la ausencia del viejo zorro era por culpa de los negocios, cuando en realidad su ausencia se llamaba Susana.

El affaire de mi padre no se lo conté a nadie, mucho menos a mi madre que confiaba en su marido.  No quería causarle dolor, no me parecía justo. Después de ver semejante revelación, me ausenté un mes de la empresa con la intención de renunciar, pero lo pensé mejor y le pedí al viejo, que me trasladé a cualquier sucursal del interior del país.  Al principio se negó, pero el trabajar juntos creaba muchas fricciones entre nosotros y después de saber que la mujer de mis sueños era su amante, la relación se estaba tornando violenta.

Mi situación laboral en la nueva sucursal no mejoró. Como vendedor resulté un fiasco, como administrativo era un desastre, hasta que terminé arreglando el mobiliario de la empresa, porque era el hijo del dueño. Gracias al sabio consejo de mi madre, estudié carpintería y me recibí con el más alto puntaje en la escuela técnica.  Como carpintero encajaba en cualquier lugar; me enamoré del oficio y me abrí una carpintería con buenos resultados.

Durante siete años me sentí feliz, hasta que la tragedia llegó a mi vida. Mis padres fueron asesinados en un hecho confuso y tuve que regresar para hacerme cargo de la empresa. Me costó adaptarme a la frivolidad de las reuniones de negocios. Odiaba el clima de la ciudad y el falso entorno que me rodeaba me hacía sentir incómodo. La empresa era un nido de víboras con engranaje propio. No entendía su funcionamiento, ni sabía que mi padre había nombrado a Susana presidenta, con todo el poder que eso significaba.

Como dueño de la empresa me sentía un inútil y estaba supeditado a las decisiones de Susana que conocía el negocio. La mujer caminaba como una faraona en la empresa y yo marchaba detrás como un perrito, sin entender nada.  Ella no me quería en la empresa y el ignorarme era su forma de demostrarme su desprecio.  Me trataba como a un intruso y me sentía el hazmerreír de los empleados, hasta que me harté de tanta humillación, y decidí venderlo todo. No me importaba si malvendía la empresa o si la regalaba. Un grupo inmobiliario estaba interesado en el terreno y era mi oportunidad para regresar a la paz de mi carpintería, pero había demasiados intereses económicos y terminé arruinando mi vida.

Cansado de las burlas y el maltrato, recurrí a la asesoría legal de un bufete de abogados, hasta les pedí discreción, pero me olvidé que la información tiene un precio. Nada es confidencial en el mundo de los negocios. Mi conversación fue grabada y Susana me hizo escuchar el audio y me sentí un idiota.  A partir de ese bochornoso episodio, empezó a tratarme diferente. De un día para otro comenzó a seducirme y yo me dejaba seducir, aun cuando me inhibía por completo ante su presencia. Sus juegos de seducción me intimidaban, pero a su vez me gustaban, me generaban esa adrenalina que se siente con la excitación. Ella hacia lo mismo que hacía con mi padre, casi el mismo esquema. Después de un día de trabajo, me citaba en la sala de juntas y se convertía en una loba a la que solo podía mirar, pero jamás tocar.  En esos momentos comprendí al viejo y su fascinación por una mujer treinta años más joven.

Durante meses traté de evitar los encuentros con Susana, pero ella siempre se las ingeniaba para perturbarme. Me excitaba y me dejaba cuando yo quería concretar algo. Me era difícil escapar de una mujer tan exuberante, tan sensual, sobre todo que estaba enamorado.

Mi intuición me indicaba que debía vender la empresa, si quería salvarme y me aboqué a ello. Hablé una vez más con los abogados para liquidar la empresa, pero Susana se las ingeniaba para boicotear la venta. Quería odiarla, pero no podía y con cada encuentro reflotaba sentimientos que creía sepultados. Es difícil matar una obsesión, ella era el objeto de mi perfección y no existía una mujer como ella. Ninguna terapia logró erradicarla de mis pensamientos.  La soñé toda mi vida, la quería a mi lado y su pasado con mi padre ya no me importaba; él la tuvo, ahora era mi momento.

Susana sabía de mi obsesión enfermiza por ella y utilizaba esa debilidad para su conveniencia. En cada acto de seducción me pedía que desista en vender la empresa. Era una mujer codiciosa, con gustos refinados pagados por mi padre y ahora que él no estaba, su futuro económico era incierto. La empresa la indemnizaría, pero no lo suficiente para vivir holgadamente por el resto de su vida y ella lo sabía.  Últimamente me citaba con cualquier excusa, para seducirme, pero cuando intentaba tocarla, sentía su rechazo y eso me enfurecía.  Con el tiempo comprendí que ella jamás podría amarme y yo no era un estúpido masoquista como mi padre. No me iba a arrodillar para rogarle su amor. Estaba harto de sus juegos, de que me mirara como un gusano repulsivo, hasta que la eché diciéndole que la empresa se vendería y que nada me haría cambiar de opinión. Cuando llegó el día en que debía firmar los documentos para liquidar todos los activos, me citó una hora antes en su oficina y me preguntó:

—¿Por qué quieres vender la empresa? ¿Acaso es por venganza?
—¿Qué? No entiendo la pregunta—respondí con timidez.
—Sí que la entiendes. Espero que no vendas para vengarte de mi romance con tu padre. Eso es un error del pasado querido—me dijo con sarcasmo.
—Le pido que no se entrometa en la venta de la empresa señora y menos que hable con tanta liviandad de mi padre—le dije con rabia.
—Me siento mal por tu decisión, porque para deshacerse de una empresa exitosa, tiene que existir un motivo y me gustaría saber si soy el motivo.
—Su ego es inmenso, señora.
—Tan grande como tu mentira Javier. ¡Y ya deja de llamarme señora! Me haces sentir una vieja con tu postura ridícula.
—Es una señora grande y le hablo con respeto—le dije con crueldad.
—¡Quién te crees que eres, me enoja tu actitud!
—Y a mí me enoja su juego, de que me mire como un negocio y no como un hombre.
—Lamento haberte sembrado falsas expectativas Javier. Pensé que te excitaba verme desnuda y te di lo que te gustaba. De adolescente fue lo que siempre quisiste y quise cumplir tus deseos.  
—¿Usted sabía que la espiaba?
—¡Por supuesto, hasta se lo conté a tu padre y él se sintió orgulloso, porque te estabas haciendo hombre.
—Tan orgulloso que me castigó con un trabajo.
—No fue así. Te trajo a la empresa por pedido de tu madre.
—Nunca me lo dijo. Pensé que me consideraba un pervertido.
—Estás equivocado. Eras un joven que comenzaba a descubrir la sexualidad y tu padre lo entendió así.
—En ese entonces era un crío que me conformaba con poco, ahora soy un hombre y si me va a seducir, quiero más que eso.
—No voy a mentirte querido, pero pensé que te gustaba esta forma de relajarnos después de un día de trabajo.
—Es su juego, señora, no el mío. Un juego de seducción que comenzó cuando se enteró de que iba a vender la empresa.
—Es cierto querido y es hora de que sepas la verdad.
—Agradecería su sinceridad para terminar con esta tortura.
— Tampoco exageres y ya deja de tratarme de usted.
—La trato así, porque no me genera confianza. Ahora dígame lo que necesito saber.
—Hice mis averiguaciones y los compradores no seguirán con la empresa. Ellos están interesados en negocios inmobiliarios y nuestros empleados se quedarán en la calle, familias enteras Javier.
—Me prometieron que el personal tendrá su jugosa indemnización.
—Me cuesta creer que seas tan iluso querido.  Parece que en esta empresa soy la única que se preocupa por ellos.
—No hace falta que mienta con tanto descaro.
—Estoy preocupada por nuestros empleados Javier, pero sé que no me crees. Me siento impotente; no sé qué hacer para que reacciones.
—No creo en su interés abrupto por los trabajadores, señora y sé que está aquí, porque usted también se queda sin trabajo.
—Estás equivocado nene. Con mi experiencia, puedo conseguir trabajo en otro lado.
—No lo creo. No todos los viejos, dejan que su amante sea la presidenta de su empresa. No todos cometen el error que cometió mi padre.
—¡No seas grosero! No me faltes el respeto.
—No se lo falto, es una realidad y debe aceptarla.
—La única realidad es que eres un cobarde, que no sabe manejar una empresa. Ni siquiera quieres mi ayuda, y si tanta desconfianza te genero podríamos firmar un acuerdo que nos beneficie a ambos.
—Veo que cambió su táctica, pasamos de la seducción a su carácter agresivo.
—No me culpes por querer evitar el naufragio económico querido. Trato de hacer lo mejor para todos.
—No veo ningún naufragio aquí, quiero vender un negocio que no me representa. No creo que exista un acuerdo que me haga cambiar de idea y si está pensando en formar una sociedad, olvídelo.
—Nada de eso querido. Te gustará mi propuesta.
—¿Y si no me gusta?
—Te acompañaré para que firmes los malditos papeles de venta y me esfumaré de tu vida.
—Perfecto, de que se trata el acuerdo.
—El de unirnos por conveniencia. No seriamos la primera pareja que se une por negocios, ambos estamos libres y podríamos intentar un acercamiento más profundo.
—¿Es en serio? ¿Me está proponiendo casamiento? Pensé que era a la inversa.
—Tiempos modernos, querido. Nunca dejo cerrada la posibilidad del casamiento si me conviene.
—¿Con sus maridos anteriores hizo lo mismo?
—No te concierne mi trato con ellos.
—En fin, no me importa.
—Entonces dame una respuesta.
—¡Qué locura! Pasar de la agresividad al noviazgo.
—Ser novios es un rótulo antiguo querido, no seas tan protocolar.
—Entiendo. El rótulo de amante, le queda mejor.
—¡No me insultes Javier! Tu padre y yo obramos como adultos.
—Ya me di cuenta.
—No te queda bien la ironía nene. Soy una mujer de negocios y te estoy proponiendo uno.
—No necesito hacer negocios con usted Susana. Disfrute su presidencia hoy, porque mañana serás una desempleada.
—Que sabe los secretos oscuros de la empresa.
—Según los contadores todos los balances están en regla y rubricados como marca la ley.
—Te mintieron.
—No entiendo la razón.
—Ellos están involucrados.
—Más a mi favor, ahora sé que no hablarán.
—Pero yo sí puedo hablar. Sé dónde están depositados los activos más importantes de la empresa y en que paraíso fiscal.
—No me importa en dinero en el extranjero y si lo pierdo todo.
—Eres el dueño querido, es tu responsabilidad.  
—Nunca tuve el manejo de la empresa en mis manos y con un abogado puedo salir ileso de todo esto.
—No te conviene ir a un juicio.  Conozco todas las cuentas en negro y la contabilidad ilegal; no olvides que fui la mano derecha de tu padre.
—Además de su amante.
—Eso hacemos las amantes Javier, le ponemos precio a todo.
—¿Es un chantaje? O no sé por qué, huelo a extorsión.
—No te comportes como un idiota nene y piensa que todo es un negocio.
—No me interesan los negocios, señora, solo quiero salirme de todo esto.
—Ya déjate de boberías, hay más dinero en el extranjero que lo que vale esta empresa. Arreglemos esto de una vez. Nos casamos y te prometo fidelidad eterna hacia la empresa. No tendrás que trabajar nunca.
—Pensé que la fidelidad me la prometería como su futuro marido.
—Ya te dije que un negocio por conveniencia querido. No voy a jugar a ser la esposa fiel. Tampoco quiero fiestas de bodas, siempre me dieron mala suerte.
—Y yo no quiero ser su cuarto marido con una placa en el cementerio.
—¡No seas cruel! Los tres gozaban de pésima salud y ya deja de acusarme, como si la muerte de los difuntos fuera mi culpa.
—Muy conveniente lo suyo, pero no es de mi incumbencia. En cuanto a casarnos necesito más garantías.
—Yo soy la garantía nene. Piensa que en estos momentos tu sueño adolescente está a la venta y tienes todo el dinero para comprarlo.
—No me alcanzan sus palabras. Necesito algo más contundente, para que desista en vender mi empresa.
—¿Cómo qué? No me pidas amor, porque sería absurdo.
—Me conformo con un poco de respeto, no quiero ser el hazmerreír de sus amantes de turno.
—Eres complicado nene. Prometerte respeto no puedo, pero si puedo prometerte que convertiré la empresa en una multinacional y ya te dije que no trabajarás nunca.
—No necesito que me mantenga señora. Soy carpintero, puedo mantenerme con mi trabajo.
—¡Trabajo de pobre! La ropa que tienes puesta, no se paga con un sueldito de carpintero. No olvides que aún vives con el dinero de papá.
—Tengo mi carpintería que le va muy bien.
—En un pueblo perdido de una provincia. Eres todo un perdedor.
—Estoy muy conforme con mi vida.
—No te creo. Te propongo algo grande querido, inversiones en la bolsa. Conozco de finanzas y juntos podemos hacer una fortuna con el comercio internacional. Yo trabajaré y tú haz lo que quieras.
—Y si le digo que prefiero vender.
—Desaparezco de tu vida nene. No quería decir nada, pero tengo una propuesta en el extranjero.
—Debería tomar esa oportunidad.
—Si vendes la empresa la tomaré, pero amo tu empresa y en el extranjero sería una simple empleada ejecutiva sin posibilidad de ascenso.
—En definitiva, le gusta el poder y por eso no quiere dejar su sillón presidencial.
—Así es, además soy ambiciosa y tu padre lo sabía. ¿Qué decides?
—No voy a negar que me tienta la oferta, pero no quiero ser su pelele en público.
—No lo serás querido, sé hacer muy bien el papel de esposa obediente y devota.
—¿Y en la privacidad? ¿Qué me dará? No quiero sentir su rechazo, ni ver la cara de asco cada vez que me acerco.
—Los negocios no se mezclan querido, pero si bien no te prometo nada, tampoco te lo niego. ¿Lo pensarás?
—Tal vez, no lo sé.
—Solo te pido que hoy no firmes la venta. Despide a esos viejos abogados, hasta que decidas que hacer. Promételo.
— No hago promesas, pero consideraré su propuesta.
— ¿Entonces es un sí?
—Es un no. Ahora no puedo pensar en nada.
—Esperaré tu respuesta y por favor te pido que no firmes nada con ningún abogado. No seas impulsivo.
—Tranquila, que no firmaré nada.
—Gracias nene, no te arrepentirás.
—Sé que me arrepentiré, de todas formas, me tomaré mi
—Piénsalo querido, pero no te demores, porque puedo cambiar de idea.
—Correré ese riesgo. Y si decide hablar con las autoridades, no olvide que usted también está involucrada en los negocios sucios de la empresa. Tampoco olvide que está sospechada de la muerte de mis padres y la investigación sigue abierta.
—No lo olvidaré querido, los dos tenemos mucho que perder.

Después de escucharla, me fui de la oficina pensando que había cometido un error. Nunca debí haber hablado con ella, pero mi debilidad por Susana era mayor que mi razonamiento y aun sabiendo que estaba implicada en la muerte de mis padres, no podía dejar de amarla. Esa noche me costó conciliar el sueño, hasta pensé que diría mi padre y si desde el más allá me consideraría un traidor. Como sea decidí reprimir el sentimiento de culpa y al mes le dije a Susana que nos casaríamos, con una boda sencilla. Ella accedió y, finalizado el casamiento me llevé una sorpresa.  Pensé que nuestra noche de bodas sería de ensueño, pero me equivoqué. Esa noche me dejó solo en la suite matrimonial y ella se fue a París en viaje de negocios.

La volví a ver al mes sin ninguna explicación, donde me saludó con un beso en la mejilla y se puso a mirar su celular como si yo no existiera.  En la empresa me hacía sentir un inútil, en la casa me ignoraba y a veces pasaba semanas sin verla.  Al casarnos cambió sus juegos sensuales por la descalificación permanente y siendo recién casados dormíamos en cuartos separados. A pesar de las humillaciones no dejé de amarla, hasta que comenzó a faltar todos los fines de semana y me recordó a mi padre. Las mismas excusas, las mismas mentiras, solo que esta vez yo era el protagonista.

Las veces que fui a buscarla a la empresa, sentía que los empleados me miraban con una sonrisita socarrona, hasta que comprobé que la muy zorra tenía un amante. La confronté, en más de una oportunidad, pero me acusaba de ser un delirante.  Así pasaron cinco años, el matrimonio no se consumó jamás, ni siquiera me dejaba tocarla y mi autoestima estaba por el piso.  

Cada vez que intentaba un acercamiento más comprometido, ella ponía una excusa. Me sentía frustrado, hasta que me armé de valor y le pedí el divorcio. Me miró asombrada y me dijo que quería envejecer a mi lado. Por primera vez, desde que nos casamos, se acercó a mí y le pedí que no saliera esta noche. Ella accedió y le pidió a la empleada un vino Chardonnay de la bodega y en ese momento se me ocurrió la idea.

Susana no quería el divorcio, no le convenía, ni siquiera heredando la mitad de los bienes. Ella lo quería todo y yo lo sabía. Por algo sacó un seguro millonario, siendo la única beneficiaría y ahora vendría su estocada de querer retenerme y no me equivoque. Sin preámbulos, ella comenzó a desvestirse, utilizando sus armas de seducción, diciéndome que no convenía un divorcio cuando la empresa estaba en pleno apogeo. Su juego que antaño me enloquecía, me parecía chabacano y absurdo. Sin embargo le dije que tenía razón, siguiéndole el juego. Esa noche me habló de su vida, de su desdichada niñez, pero no me conmovió. Sabía que todo en ella era una gran mentira. Intenté abrazarla, pero me rechazó y siguió hablando como si nada. Ya no quería escucharla y, aun así, le propuse repetir la cena fin de semana por medio. Ella primero dudó, pero después aceptó. Estaba dispuesta a resignar dos fines de semana con su amante por dinero y jocosamente me lo dijo. Me dolieron sus palabras, pero las acepté como aceptaba todo en ella.

El sábado por la noche quise agasajarla, pedí comida china y el Chardonnay que tanto le gustaba. La esperé más de cinco horas, hasta que llegó después de la medianoche. Tenía un olor rancio y comprendí que había estado con su amante, pero yo tenía mis planes. No me enojé, ni le reproché la hora; esa noche era crucial para ambos y el momento más importante de mi vida. Le serví su Chardonnay y, sin que se dé cuenta, vertí un narcótico en el vino, sin importarme las consecuencias. Estaba devastado, solo quería liberarme de tanta humillación y de tantos años de esperarla por nada.

Cuando el narcótico hizo su efecto, la tomé en mis brazos y la llevé a su habitación. Después de observarla con la devoción de antaño, la vestí con la lencería erótica que me mostraba con cada una de sus compras  y que jamás utilizó conmigo.  Busqué su pañuelo blanco de la suerte en su cartera y se lo puse alrededor del cuello con mucha delicadeza. Arme un escenario perfecto para que nada falle y volví a observarla, por última vez, como cuando era un adolescente. Nada podía fallar, solo sentía una voz interna que me pedía liberarme de esa mujer que tanto daño me había hecho; la mujer que estuvo sospechada de haber asesinado a mis padres y que yo le conseguí el mejor abogado penalista para que la defienda.

Comencé a llorar como un niño cuando acaricié su cuerpo por primera vez en mi vida, ya que nunca me permitió tocarla y mucho menos amarla.  Sentí lástima de mí mismo, dé lo enlodado que estaba mi corazón y quería terminar con esa relación enfermiza.  Sin dudarlo puse mis pulgares sobre su cuello y comencé a ejercer presión, como lo había visto en una película. Solo me nacía estrangularla y ya era tarde para arrepentirme. Su cuerpo comenzó a contorsionarse, pero no podía detenerme y tampoco quería mirarla. Cerré los ojos, apreté su cuello con todas mis fuerzas, pensé en mis padres, en lo denigrante que era mi vida y comencé a matar el objeto de mi perfección.

Fin.

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Última edición por Marcela Noemí Silva el Dom Jun 26, 2022 11:33 pm, editado 3 veces
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EL OBJETO DE MI PERFECCIÓN Empty Re: EL OBJETO DE MI PERFECCIÓN

Mensaje por sabra Sáb Jun 18, 2022 6:55 pm

EL OBJETO DE MI PERFECCIÓN 99893410

Gracias por este aporte querida poetisa.
Un abrazo.

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