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LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XI

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Mensaje por Marcela Noemí Silva Mar Dic 10, 2013 2:28 am

LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XI Divina10



LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XI

Por el extremo de un alto risco
de grandes piedras rotas en círculo,
arribamos a una más cruel caterva:

y allí, por el ultraje horrible
de la fetidez que el profundo abismo arroja,
nos abrigamos detrás de la cubierta

de un gran sepulcro, donde vi una escritura
que decía: A Anastasio Papa encierro,
a quien Fotino arrastró del camino recto.

Nuestro descenso conviene que sea tardo,
para que antes se habitúe un poco el sentido
al triste hedor, y luego ya no haya que guardarse.

Así el Maestro; y yo: Alguna compensación,
le dije, busca para que el tiempo
no se pierda en vano; y él: En eso pienso.

Hijito mío, en medio de estas rocas,
comenzó a decir, hay tres menores círculos
de grado en grado, como los que has dejado.

Todos están llenos de espíritus malditos:
Pero para que después te baste la vista ,
entiende cómo y porqué están así circunscritos.

De toda maldad que al odio el cielo excita
la injuria es el fin, y todo tal propósito
con fuerza o con fraude a otro contrista.

Mas como defraudar es propio mal del hombre,
más desplace a Dios: por eso más abajo están
los fraudulentos, y mayor dolor los acosa.

De los violentos es todo el primer círculo;
mas como se violenta a tres personas,
en tres recintos fue dividido y construido.

A Dios, a sí, al prójimo, se pone
violencia, digo en la persona y en sus cosas,
como oirás con abiertas razones.

Muerte violenta y heridas dolorosas
en el prójimo se dan, y en sus haberes
ruinas, incendios y rapiñas dañosas:

por donde a homicidas y a todo el que mal hiere,
devastadores y ladrones, a todos atormenta
el primer recinto en diversas legiones.

Puede el hombre en sí poner mano violenta
y en sus bienes: y por eso en el segundo
recinto conviene que sin provecho se arrepienta

cualquiera que se priva de vuestro mundo,
juega y disipa su fortuna,
y llora allí donde debería estar jocundo.

Puédese violentar a la Deidad,
en el corazón negando o blasfemando de ella,
y despreciando la naturaleza y su bondad:

por eso el menor recinto marca con fuego
su sello a Sodoma y a Cahors
y a quien, de corazón, habla en desprecio de Dios.

Con el fraude, que a toda conciencia hiere,
puede el hombre abusar de quien confía,
y de quien a la confianza no da albergue.

En este modo segundo, parece que aún mata
el vínculo de amor que la naturaleza crea;
por donde en el círculo segundo anida

hipocresía, adulación y hechicería,
falsedad, latrocinios, simonía,
rufianes, truhanes y similares inmundicias.

En el primer modo, aquel amor se olvida
que la natura crea, y lo que después de agrega,
de lo cual la fe especial se cría:

y así en el círculo menor, donde está el centro
del universo, sobre el que se asienta Dite,
todo traidor eternamente se consume.

Y yo: Maestro, bien claramente
procede tu razón, y muy bien distingue
a este báratro y al pueblo que contiene.

Pero dime: los de aquel pantano cenagoso,
que arrasa el viento, y la lluvia azota
y se afrentan con tan grandes maldiciones,

¿porqué no dentro de la ciudad ardiente
son castigados, si Dios los tiene en su ira?
y si no los tiene, ¿por qué están en la parte aquella?

Y él a mí: ¿Por qué tanto delira,
dijo, el ingenio tuyo en contra de lo que suele?
¿O es que tu mente hacia otro lado mira?

¿No recuerdas las palabras
de las de tu Ética que a fondo trata
las tres disposiciones que rechaza el Cielo:

incontinencia, malicia y la bestialidad
demente? ¿y cómo incontinencia
menos ofende a Dios y menor censura gana?

Si observas bien esta sentencia,
y traes a la mente quienes son aquellos
que fuera de aquí sostienen penitencia,

bien verás porqué de estos felones
están separados, y porqué menos penosa
la divina venganza los martilla.

¡Oh Sol que sanas toda vista conturbada
me satisfaces tanto cuando así esclareces,
que, no menos que saber, dudar me agrada!

Vuélvete ahora un poco más atrás
dije yo, allá donde dijiste que la usura ofende
a la divina bondad, y el escollo resuelve.

La filosofía, me dijo, a quien la entiende,
nota y no sólo en un lugar,
cómo la naturaleza su curso prende

del divino intelecto y de su arte;
y si tú bien tu Física recorres
encontraras no lejos de unas páginas

que vuestro arte, a él, en cuanto puede,
sigue, como al maestro el que aprende,
y así vuestro arte de Dios es casi el nieto.

De estos dos, si traes a tu mente
la Génesis del principio, conviene
concordar su vida y avanzar la gente.

Y como el usurero otro camino sigue,
a la natura en sí, y a su secuaz
desprecia, pone así en otra parte su esperanza.

Mas sígueme ahora, que apresurarnos me place:
ya los Peces se deslizan sobre el horizonte,
y todo el Carro sobre el Coro yace,

y el promontorio un poco más allá desmonta.

Dante Alighieri


Marcela Noemí Silva
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