EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XXIII

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Mensaje por Marcela Noemí Silva el Mar Dic 10, 2013 3:27 am

LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XXIII   Divina10



LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XXIII


Callados, solos y sin compañía
ambos uno tras del otro íbamos,
como los frailes menores van en fila.

Vino la fábula de Esopo
a mi mente a causa de la riña,
aquella digo la de la rana y del topo;

que más no se asemejan mo e issa
como ambas cosas, si bien se consideran
el principio y el fin con mente atenta.

Y como un pensar brota de otro,
así de aquel nació otro luego
que a mi primer miedo lo hizo el doble.

Pensaba yo así: Estos por nuestra causa
escarnecidos quedaron con daño y burla
tal, que han de estar muy irritados.

Si a la maldad ira se agrega,
vendrán tras nosotros más crueles
que perro que a la liebre aferra.

Sentía que de miedo se erizaban ya
todos mis cabellos, y miraba atrás atento,
cuando dije: Maestro, si a ambos

no nos ocultas prontamente, tengo miedo
de los Malebranche. Detrás nuestro los tenemos;
y tanto lo imagino, que ya los siento.

Y él: Si yo fuera de espejado vidrio,
tu imagen exterior no estaría
tan pronto en mi, como la que adentro tengo.

Tanto están juntos tu pensamiento y el mío
con igual acto y con igual aspecto,
que ambos han decidido igual consejo.

Si es verdad que tal desciende la derecha orilla,
que por ella podamos bajar a la siguiente fosa,
lograremos escapar de la imaginada cacería.

No bien acabó de expresarme tal consejo,
cuando los vi venir con extendidas alas,
y no muy lejos, con ansias de aprendernos.

Mi amado Conductor me abrazó súbitamente,
como la madre que al fragor despierta
y cerca de ella ve las llamas encendidas,

que toma al hijo, y huye, y no se para,
cuidando más del niño que de ella,
y que tan sólo una camisa lleva puesta;

así abajo, desde el borde de la dura piedra,
de espaldas se deslizó por la inclinada roca
que una ladera de la siguiente fosa cierra.

No corre nunca tan presto por canal el agua
que mueve la rueda del molino,
cuando más cerca de las palas se halla,

como mi maestro por aquel declive,
llevándome encima sobre el pecho
como a su hijo, y no como a su camarada.

Apenas sus pies se allegaron junto lecho
del fondo abajo, que asomaron ellos por el borde
arriba de nosotros, pero ya no los temíamos;

que la alta providencia que a ellos quiso
poner como ministros de la quinta fosa,
vedó a todos el poder de pasar a otra.

Allí abajo hallamos gente pintada
girando en torno con muy lentos pasos,
llorando y, al ver, cansada y vencida.

Tenían capas con capuchas bajas
delante de los ojos, a la manera
como en Cluny los monjes marchan.

De fuera tan doradas deslumbraban;
pero por dentro todas de plomo, y tan pesadas,
que las de Federico fueran de paja.

¡Oh eternamente fatigoso manto!
Nos volvimos un poco hacia la izquierda
junto con ellos, atendiendo al triste llanto;

mas por el peso aquella gente abrumada
tan lentamente venía, que nueva compañía
teníamos a cada paso que dábamos.

Entonces dije a mi Conductor : Trata de hallar
a alguno que por hechos o por nombre conozcamos;
mira en derredor tuyo mientras andas.

Y uno que entendió la parla toscana
detrás nuestro gritó: ¡Calmad los pies
vosotros que corréis por el aura fosca!

Tal vez logres de mí lo que buscabais.
Por donde el Conductor se detuvo y me dijo:
Detente, y a su tranco avanza.

Me detuve, y vi en el rostro de dos
un gran deseo interior de estar conmigo;
pero los retrasaba la carga y la estrecha senda.

Cuando llegaron a mi, con vista aviesa
me observaron, sin decir palabra;
luego se volvieron uno al otro y se decían:

Este parece vivo porque mueve la garganta;
y si están muertos, ¿Por cuál privilegio
van descubiertos de la pesada estola?

Y me dijeron: ¡Oh Tosco que al colegio
de los tristes hipócritas has venido,
decirnos quien eres no lo tengas en desprecio!.

Y yo a ellos: Yo he nacido y he crecido
al borde del bello río Arno en la gran ciudad,
y voy con el cuerpo con el que siempre he vivido.

Mas ¿quiénes sois vosotros a quienes destila,
a lo que veo, tanto dolor por las mejillas?
¿y qué pena tenéis que tanto brilla?

Y uno me respondió: Las doradas capas
son de plomo tan grueso, que su peso
las hace rechinar al balancearse.

Fuimos frailes Gaudentes, y boloñeses;
Yo Catalano, y este Loderingo
por nombre, ambos por tu ciudad elegidos,

porque suele evitarse confiar en un hombre solo
para conservar la paz; y fuimos tales
como aun se ve entorno al Gardingo.

Yo comencé: ¡Oh hermanos, vuestros males...
pero más no dije, porque a la vista me vino
un crucificado en el suelo con tres palos.

En cuanto me vio, se retorció,
bufando sobre su barba suspiros;
y fray Catalano de esto apercibido

me dijo: Ese enclavado que miras
aconsejó a los Fariseos que convenía
poner a un hombre por el pueblo en martirio.

Atravesado y desnudo en el camino,
como ves, es menester que sepa
primero, de todo el que pasa, cuánto pesa.

Y de igual modo sufre el suegro
en esta fosa, y los demás del consejo
que para los judíos fue mala semilla.

Vi entonces maravillarse a Virgilio
por el que estaba extendido en la cruz
tan vilmente en el eterno exilio.

Después dijo a aquel fraile estas palabras:
Que no os desagrade, si os es lícito, decirnos
si a la derecha mano hay alguna boca

por donde nosotros dos salir podamos,
sin obligar a los ángeles negros
que vengan a este fondo a conducirnos.

Respondió entonces: Antes de lo que creas
se alza una peña que desde el gran cerco
parte y atraviesa todos los fosos fieros;

salvo que en este esta roto y no sigue;
arriba podréis montar por las ruinas
que hay en la falda y se acopian en el fondo.

Quedóse el Conductor con la cabeza inclinada
y luego dijo: Mal explicaba las cosas
aquel que a los pecadores ensartaba.

Y el fraile: Ya he oído contar en Bolonia
del diablo tantos vicios, entre los cuales oí
que es embustero y padre de mentira.

Luego mi Conductor avanzó a grandes pasos,
turbado de ira un poco el semblante,
y yo también me partí de los agobiados

tras las huellas de las queridas plantas.



Dante Alighieri


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Mensaje por sabra el Miér Abr 20, 2016 1:47 pm


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LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XXIII   Empty Re: LA DIVINA COMEDIA: EL INFIERNO: CANTO XXIII

Mensaje por Admin el Vie Nov 24, 2017 5:24 pm

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