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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:18 am

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Tengo en el Salto Oriental
5 dos primos, hoy hombres
ya, que a sus doce años, y a consecuencia de profundas
lecturas de Julio Verne, dieron en la rica empresa de
abandonar su casa para ir a vivir al monte. Éste queda a
dos leguas de la ciudad. Allí vivirían primitivamente de
la caza y la pesca. Cierto es que los dos muchachos no
se habían acordado particularmente de llevar escopetas
ni anzuelos; pero, de todos modos, el bosque estaba allí,
con su libertad como fuente de dicha y sus peligros como
encanto.
Desgraciadamente, al segundo día fueron hallados
por quienes los buscaban. Estaban bastante atónitos todavía,
no poco débiles, y con gran asombro de sus hermanos
menores —iniciados también en Julio Verne—
sabían andar aún en dos pies y recordaban el habla.
La aventura de los dos robinsones, sin embargo, fuera
acaso más formal al haber tenido como teatro otro
bosque menos dominguero. Las escapatorias llevan
aquí en Misiones
6 a límites imprevistos, y a ello arrastró
a Gabriel Benincasa el orgullo de sus stromboot 7
.
Benincasa, habiendo concluido sus estudios de conta-

__________________________________________________________
5 Salto Oriental: departamento de Uruguay, fronterizo con Argentina. En Salto, su
capital, nació Horacio Quiroga. 6Misiones: provincia del norte de Argentina, limítrofe con Paraguay y Brasil. Su selva,
en la que vivió varios años, le inspiró a Quiroga muchos de los cuentos que recoge
esta antología. 7 stromboot: botas altas y fuertes.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:18 am

duría pública, sintió fulminante deseo de conocer la vida
de la selva. No fue arrastrado por su temperamento,
pues antes bien Benincasa era un muchacho pacífico,
gordinflón y de cara rosada, en razón de su excelente salud.
En consecuencia, lo suficiente cuerdo para preferir
un té con leche y pastelitos a quién sabe qué fortuita e
infernal comida del bosque. Pero así como el soltero que
fue siempre juicioso cree su deber, la víspera de sus bodas,
despedirse de la vida libre con una noche de orgía
en compañía de sus amigos, de igual modo, Benincasa
quiso honrar su vida aceitada con dos o tres choques de
vida intensa. Y por este motivo remontaba el Paraná8
hasta un obraje9
, con sus famosos stromboot.
Apenas salido de Corrientes
10 había calzado sus recias
botas, pues los yacarés
11 de la orilla calentaban ya el
paisaje. Mas a pesar de ello el contador público cuidaba
mucho de su calzado, evitándose arañazos y sucios contactos.
De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora
tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.
—¿Adónde vas ahora? —le había preguntado sorprendido.
—Al monte; quiero recorrerlo un poco —repuso Benincasa,
que acababa de colgarse el winchester 12 al hombro.

___________________________________________-
8 Paraná: río de América del Sur, el segundo en extensión del continente. Sirve de
frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina. 9 obraje: establecimiento dedicado a la explotación forestal. 10
Corrientes: provincia del norte de Argentina, limítrofe con Paraguay, Brasil y Uruguay. 11 yacaré: especie de caimán, cocodrilo de América del Sur. 12winchester: rifle de repetición.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:41 am

—¡Pero infeliz! No vas a poder dar un paso. Sigue la
picada13
, si quieres... O mejor deja esa arma y mañana te
haré acompañar por un peón. Benincasa renunció a su
paseo.
No obstante, fue hasta la vera del bosque y se detuvo.
Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metiose
las manos en los bolsillos y miró detenidamente
aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires
truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno
y otro lado, retornó bastante desilusionado.
Al día siguiente, sin embargo, recorrió la picada
central por espacio de una legua, y aunque su fusil volvió
profundamente dormido, Benincasa no deploró el
paseo. Las fieras llegarían poco a poco.
Llegaron éstas a la segunda noche —aunque de un
carácter un poco singular.
Benincasa dormía profundamente, cuando fue despertado
por su padrino.
—¡Eh, dormilón! Levántate, que te van a comer vivo.
Benincasa se sentó bruscamente en la cama, alucinado
por la luz de los tres faroles de viento que se movían
de un lado a otro en la pieza. Su padrino y dos peones
regaban el piso.
—¿Qué hay, qué hay? —preguntó echándose al suelo.
—Nada... cuidado con los pies... La corrección.
Benincasa había sido ya enterado de las curiosas hor-

---------------------------------------------------------------------------
13
picada: trocha, sendero abierto en la selva.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:41 am

migas a que llamamos corrección. Son pequeñas, negras,
brillantes y marchan velozmente en ríos más o menos anchos.
Son esencialmente carnívoras. Avanzan devorando
todo lo que encuentran a su paso: arañas, grillos, alacranes,
sapos, víboras y a cuanto ser no puede resistirles. No
hay animal, por grande y fuerte que sea, que no huya de
ellas. Su entrada en una casa supone la exterminación absoluta
de todo ser viviente, pues no hay rincón ni agujero
profundo donde no se precipite el río devorador. Los
perros aúllan, los bueyes mugen y es forzoso abandonarles
la casa, a trueque de ser roídos en diez horas hasta el
esqueleto. Permanecen en un lugar uno, dos, hasta cinco
días, según su riqueza en insectos, carne o grasa. Una vez
devorado todo, se van.
No resisten, sin embargo, a la creolina o droga similar;
y como en el obraje abunda aquélla, antes de una
hora el chalet quedó libre de la corrección.
Benincasa se observaba muy de cerca, en los pies, la
placa lívida de una mordedura.
—¡Pican muy fuerte, realmente! —dijo sorprendido,
levantando la cabeza hacia su padrino.
Éste, para quien la observación no tenía ya ningún
valor, no respondió, felicitándose, en cambio, de haber
contenido a tiempo la invasión. Benincasa reanudó el
sueño, aunque sobresaltado toda la noche por pesadillas
tropicales.
Al día siguiente se fue al monte, esta vez con un machete,
pues había concluido por comprender que tal
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:42 am

utensilio le sería en el monte mucho más útil que el
fusil. Cierto es que su pulso no era maravilloso, y su
acierto, mucho menos. Pero de todos modos, lograba
trozar las ramas, azotarse la cara y cortarse las botas;
todo en uno.
El monte crepuscular y silencioso lo cansó pronto.
Dábale la impresión —exacta por lo demás— de un escenario
visto de día. De la bullente vida tropical no hay a
esa hora más que el teatro helado; ni un animal, ni un
pájaro, ni un ruido casi. Benincasa volvía cuando un
sordo zumbido le llamó la atención. A diez metros de
él, en un tronco hueco, diminutas abejas aureolaban la
entrada del agujero. Se acercó con cautela y vio en el
fondo de la abertura diez o doce bolas oscuras, del tamaño
de un huevo.
—Esto es miel —se dijo el contador público con íntima
gula—. Deben de ser bolsitas de cera, llenas de miel...
Pero entre él —Benincasa— y las bolsitas estaban las
abejas. Después de un momento de descanso, pensó en
el fuego; levantaría una buena humareda. La suerte quiso
que mientras el ladrón acercaba cautelosamente la
hojarasca húmeda, cuatro o cinco abejas se posaran en
su mano, sin picarlo. Benincasa cogió una en seguida, y
oprimiéndole el abdomen, constató que no tenía aguijón.
Su saliva, ya liviana, se clarificó en melífica abundancia.
¡Maravillosos y buenos animalitos!
En un instante el contador desprendió las bolsitas
de cera, y alejándose un buen trecho para escapar al pe-
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:43 am

gajoso contacto de las abejas, se sentó en un raigón14
.
De las doce bolas, siete contenían polen. Pero las restantes
estaban llenas de miel, una miel oscura, de
sombría transparencia, que Benincasa paladeó golosamente.
Sabía distintamente a algo. ¿A qué? El contador
no pudo precisarlo. Acaso a resina de frutales o de eucaliptus.
Y por igual motivo, tenía la densa miel un vago dejo
áspero. ¡Mas qué perfume, en cambio!
Benincasa, una vez bien seguro de que cinco bolsitas
le serían útiles, comenzó. Su idea era sencilla: tener suspendido
el panal goteante sobre su boca. Pero como la
miel era espesa, tuvo que agrandar el agujero, después de
haber permanecido medio minuto con la boca inútilmente
abierta. Entonces la miel asomó, adelgazándose
en pesado hilo hasta la lengua del contador.
Uno tras otro, los cinco panales se vaciaron así dentro
de la boca de Benincasa. Fue inútil que éste prolongara la
suspensión, y mucho más que repasara los globos exhaustos;
tuvo que resignarse.
Entre tanto, la sostenida posición de la cabeza en alto
lo había mareado un poco. Pesado de miel, quieto y los
ojos bien abiertos, Benincasa consideró de nuevo el monte
crepuscular. Los árboles y el suelo tomaban posturas
por demás oblicuas, y su cabeza acompañaba el vaivén
del paisaje.

--------------------------------------------
14 raigón:raíz de árbol.
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:44 am

—Qué curioso mareo... —pensó el contador—. Y lo
peor es...
Al levantarse e intentar dar un paso, se había visto
obligado a caer de nuevo sobre el tronco. Sentía el cuerpo
de plomo, sobre todo las piernas, como si estuvieran
inmensamente hinchadas. Y los pies y las manos le hormigueaban.
—¡Es muy raro, muy raro, muy raro! —se repitió estú-
pidamente Benincasa, sin escudriñar, sin embargo, el
motivo de esa rareza—. Como si tuviera hormigas. La
corrección —concluyó.
Y de pronto la respiración se le cortó en seco, de espanto.
—¡Debe ser la miel... es venenosa! ¡Estoy envenenado!
Y a un segundo esfuerzo para incorporarse, se le erizó
el cabello de terror; no había podido ni aun moverse.
Ahora la sensación de plomo y el hormigueo subían
hasta la cintura. Durante un rato el horror de morir
allí, miserablemente solo, lejos de su madre y sus amigos,
le cohibió todo medio de defensa.
—¡Voy a morir ahora... de aquí a un rato voy a morir!
¡Ya no puedo mover la mano!
En su pánico constató, sin embargo, que no tenía fiebre
ni ardor de garganta, y el corazón y sus pulmones
conservaban su ritmo normal. Su angustia cambió de
forma.
—¡Estoy paralítico, es la parálisis! ¡Y no me van a encontrar!
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Mensaje por Karla Benitez el Miér Abr 12, 2017 4:45 am

Pero una visible somnolencia comenzaba a apoderarse
de él, dejándole íntegras sus facultades, a la par que
el mareo se aceleraba. Creyó así notar que el suelo oscilante
se volvía negro y se agitaba vertiginosamente. Otra
vez subió a su memoria el recuerdo de la corrección, y
en su pensamiento se fijó como una suprema angustia
la posibilidad de que eso negro que invadía el suelo...
Tuvo aún fuerzas para arrancarse a ese último espanto,
y de pronto lanzó un grito, un verdadero alarido, en que
la voz del hombre recobra la tonalidad del niño aterrado:
por sus piernas trepaba un precipitado río de hormigas
negras. Alrededor de él la corrección devoradora oscurecía
el suelo, y el contador sintió, por debajo del calzoncillo,
el río de hormigas carnívoras que subían.
Su padrino halló por fin, dos días después, y sin la
menor partícula de carne, el esqueleto cubierto de ropa
de Benincasa. La corrección que merodeaba aún por
allí, y las bolsitas de cera, lo iluminaron suficientemente.
No es común que la miel silvestre tenga esas propiedades
narcóticas o paralizantes, pero se la halla. Las
flores con igual carácter abundan en el trópico, y ya el
sabor de la miel denuncia en la mayoría de los casos su
condición; tal el dejo a resina de eucaliptus que creyó
sentir Benincasa.

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Mensaje por FANTASIA el Miér Abr 12, 2017 6:47 am

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Mensaje por Admin el Lun Ago 21, 2017 7:23 am

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