EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO XVIII

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Mensaje por Marcela Noemí Silva el Vie Mayo 02, 2014 11:14 pm

LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO  XVIII  Divina10




LA DIVINA COMEDIA: EL PURGATORIO: CANTO XVIII

Canto XVIII
Los acidiosos, corren sin detenerse nunca.

Terminado ya su razonamiento,
el alto doctor atento contemplaba
mi rostro por ver si contento me veía;

y yo, a quien nueva sed por más movía,
por fuera nada, y por dentro decía:
quizá el mucho preguntar mío lo cansa.

Mas aquel veraz padre que advirtió
el tímido querer que no se abría,
hablando, de osar hablar me dio aliento.

Y yo entonces: Maestro, mi vista se aviva
tanto con tu luz, que discierno claro
todo lo que tu razón parte o describe.

Empero te ruego, dulce padre amado,
que me muestres el amor, al cual reduces
todo bien obrar y su contrario.

Alza, me dijo, a mí las agudas luces
de tu intelecto, y séate manifiesto
el error de los ciegos que se hacen guías.

El alma, que fue creada a amar pronta,
a toda cosa se mueve que le place,
luego que al placer en acto se despierta.

Vuestra aprehensiva del ser verdadero
trae la imagen, y adentro la despliega,
de modo que mueve al alma a volverse a ella;

y si al hacerlo a ella se entrega,
ése entregarse es amor, y es la naturaleza
que por placer de nuevo en vosotros se ata.

Después, así como el fuego muévese a la altura,
por su forma nacida a subir
a donde más en su materia dura,

así el alma presa entra en deseo,
que es moción espiritual, y ya no reposa
hasta no gozar de la cosa amada.

Ahora ya puedes ver cuán escondida
la verdad está a los que avalan
cualquier amor en sí como loable cosa;

porque quizá creen que su materia
es siempre buena, pero no todo sello
es bueno, aun cuando buena sea la cera.

Tus palabras y mi seguidor ingenio,
le respondí, el amor me ha descubierto,
mas me ha dejado de dudar más lleno;

pues si el amor nos es de afuera dado,
y el alma no va de otra manera,
si recta o torcida va, no es su mérito.

Y él a mí: cuanto la razón observa,
puedo decirte; de allí en más espera
sólo a Beatriz, pues ya de fe es materia.

Toda forma sustancial, que distinta
es de la materia y está unida a ella,
tiene una virtud específica propia,

la cual, sin el obrar, no se percibe,
ni más no se muestra que por el efecto,
como en la planta por verde fronda la vida.

Sin embargo, de donde la intelección venga
de las primeras noticias, no lo sabemos,
ni de las primeras apetencias el afecto,

que en vosotros están, como en la abeja
el arte de hacer la miel, y este primer querer
mérito de alabanza o de reproche no tiene.

Ahora, como todo otro de este se infiere,
os es innata la virtud que aconseja,
y que el umbral debe tener del ascenso.

Este es el principio de donde se toma
la razón de merecer en vos, según
que buenos y reos amores acoge y elige.

Los que razonando llegaron al fondo,
reconocieron esta innata libertad,
y donaron entonces la moral al mundo.

Por donde, poniendo que por necesidad
surja todo amor que en vos se encienda,
de retenerlo está en vos la potestad.

La noble virtud es lo que Beatriz entiende
por libre albedrío, por ello cuida que en la mente
la guardes, si a hablar de ello te prende.

La Luna, casi a media noche atardada,
forzaba a las estrellas a que lucieran menos,
y estaba como un caldero aún ardiente;

corría por el cielo por aquellas estradas
que el Sol inflama cuando desde Roma,
entre Cerdeña y Córcega, se lo ve que cae.

Y aquella sombra gentil, por quien se nombra
Piétola más que la ciudad mantuana,
de mi insistencia depuesto había la carga;

pues yo, que la razón abierta y plana
de mis cuestiones había cosechado,
estaba como el somnoliento que desvaría.

Pero esta somnolencia me fue quitada
súbitamente por gente que por detrás
de nuestra espalda se acercaba.

Y cual como el Ismeno otrora y el Asopo
de noche en sus orillas vieron furia y caterva,
porque los Tebanos necesidad tenían de Baco,

así por aquel giro a saltos avanzan,
que allí yo los vi, viniendo,
a los que buen querer y justo amor cabalga.

Luego llegaron a nosotros, porque corriendo
se movía entera aquella turba magna;
precedidos por dos que llorando gritaban:

“Maria corre con prisa a la montaña;
y César, por subyugar Ilerda
picó a Marsella y corrió después a España”.

“Pronto, pronto, que el tiempo no se pierda
por poco amor”, gritaban detrás los otros,
“que el celo del bien reverdece a la gracia”.

¡Oh gente en la que el agudo fervor ahora
compensa quizá la negligencia o tardanza
que pusisteis en el bien hacer por flaqueza,

éste que vive, y es cierto que no os miento,
quiere subir, en cuanto que el Sol reaparezca;
decidnos, pues, dónde de subir está la puerta!

Palabras estas fueron del conductor mío;
y uno de aquellos espíritus dijo: Ven
en pos nuestro, y encontrarás la hendidura.

Estamos del deseo de movernos tan llenos,
que parar no podemos; por lo que perdona,
que nuestra villanía justicia tiene.

Abad fui de San Zenón de Verona
bajo el imperio del buen Barbarroja,
de quien dolida aún Milán reflexiona.

Y hay un tal que tiene ya un pie en la fosa,
que pronto llorará aquel monasterio,
y triste estará por haber tenido el mando;

porque a su hijo, malo del cuerpo entero,
y de la mente peor, y mal nacido,
ha puesto en el lugar de su pastor verdadero.

No sé si más dijo o si callóse,
ya tanto de nosotros se había ido;
mas ésto entendí, y recordarlo me place.

Y quien me había en todo apuro auxiliado
dijo: Vuélvete aquí: verás a dos
venir dando a la acidia mordiscos.

Detrás de todos decían: Antes primero
murió la gente para quien el mar abrióse,
que el Jordán viese a sus herederos.

Y aquella que el afán no sufrió
hasta el fin con el hijo de Anquises,
a una vida sin gloria se entregó.

Después, cuando tan lejos fueron
aquellas sombras, que verlas ya no podía,
un nuevo pensamiento se instaló en mí;

y tanto deliré de uno a otro,
que los ojos por vagancia recubrí,
y trasmuté en sueño el pensamiento.




Dante Alighieri


Marcela Noemí Silva
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Mensaje por MISTERIOSA el Mar Jun 23, 2015 12:59 pm