EL AMANECER DE LA POESIA DE EURIDICE CANOVA Y SABRA
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LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO III

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Mensaje por Marcela Noemí Silva Lun Jun 30, 2014 2:15 am

LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO III Divina10



LA DIVINA COMEDIA:EL PARAÍSO: CANTO III



Aquel Sol que antes de amor me escaldó el pecho,
de bella verdad me había descubierto
probando y reprobando, el dulce aspecto;

y yo, por confesarme corregido y cierto
yo mismo, tanto cuanto convenía
alcé la testa a proferirlo más en abierto;

pero una visión advino que me retuvo
a ella tan estrecho, al mostrarse,
que de mi confesión perdí el recuerdo.

Cual de transparentes vidrios y tersos,
o al mirar aguas nítidas y quietas,
no tan profundas que el fondo se pierda,

vienen de nuestro rostro los trazos
tan débiles, como perla en blanca frente
no llega menos clara a nuestras pupilas;

tal vi yo muchas caras a conversar prontas;
por donde yo caí en el error contrario
al que encendió amor entre un varón y una fuente.

Súbito ya cuando me apercibí de ellas,
creyéndolas espejados semblantes,
por ver de quiénes fueran, volví la vista;

y no vi a ninguna, y me revolví adelante
recto a la luz de la dulce guía,
que sonriendo ardía en sus ojos santos.

No te maraville que me sonría,
me dijo, de tu pueril pensamiento,
pues en la verdad tu pie aún no se afirma,

mas te revuelves, como sueles, en vacío:
sustancias veras son las que miras,
relegadas aquí por faltar a sus votos.

Mas habla con ellas y oye y cree;
que la veraz luz que los regala
de sí no deja que los pies aparten.

Y yo a la sombra que más dispuesta parecía
a razonar, me acerqué, y comencé
casi como a quien el mucho desear turba:

¡Oh bien creado espíritu, que de los rayos
de vida eterna la dulzura sientes,
que, no gustada, nunca se entiende,

de gracia me dejes tan contento
de tu nombre y de tu suerte.
Por donde ella pronta y con ojos rientes:

Nuestra caridad no cierra puertas
a un justo querer, si bien no como aquella
que quiere semejante a sí toda su corte.

Yo fui en el mundo virgen profesa:
y si tu mente bien me contempla,
no te seré extraña por ser más bella,

mas reconocerás que soy Piccarda,
que, puesta aquí con estos otros beatos,
beata soy en la más tarda esfera.

Nuestros afectos que sólo inflamados
están del placer del Espíritu Santo,
se alegran en su orden conformados.

Y esta suerte que parece baja tanto,
empero nos fue dada, por descuidar
nuestros votos, faltos en algún flanco.

Entonces yo: En vuestro aspecto
admirable esplende un no se qué divino
que os trasmuta de vuestro primer diseño:

razón porque no fui en recordaros presto;
mas ahora me ayuda lo que tú me dices,
y tanto que figurarte me es ya más latino.

Mas dime: vosotros que sois aquí felices,
¿deseáis encontraros en más alto sitio
para más ver y más haceros de amigos?

Con las otras sombras sonrió primero un poco:
a partir de ello mes respondió tan placentera
que arder parecía de amor del primer fuego;

Hermano, nuestra voluntad aquieta
la virtud de caridad, que nos hace querer
sólo lo que tenemos, y de otra cosa no nos saeta.

Se deseáramos ser más supernas
serían discordes nuestros deseos
del querer de aquel que aquí nos disgrega;

pues verás que no cabe en estos giros,
pues estar en caridad es aquí necesse,
y si su naturaleza bien consideras.

Así es formal a este beato esse
estar conforme a la divina voluntad
por la que se unifican las nuestras;

así que, estar de umbral a umbral
por este reino, a todo el reino place
y al rey que a su querer cada uno pone.

Y en su voluntad está nuestra paz:
ella es aquel mar al cual todo fluye,
lo que ella crea y lo que natura hace.

Claro me fue entonces que todo donde
es paraíso en el cielo, aunque la gracia
del sumo bien de un solo modo allí no llueve.

Pero así como de un manjar se sacia
y de otro todavía queda la gula,
que el uno pedimos y del otro damos gracias,

así hice yo con actos y palabras
por saber de ella cual fue la tela
que no tejió de cabo a rabo la aguja.

Perfecta vida y alto mérito pone en el cielo
más alto a una mujer, me dijo, a cuya norma
en vuestro mundo allá se viste y vela,

para que hasta morir vele y duerma
con aquel esposo que todo voto acepta
que la caridad a su placer conforma.

Del mundo, por seguirla, jovencita
huí, y en su hábito me encerré,
y prometí la vida de su secta.

Luego hombres, al mal más que al bien duchos,
fuera me raptaron del dulce claustro:
Dios sí sabe cual luego mi vida fue.

Y este otro esplendor que se te muestra
a mi derecha y que se enciende
con toda la luz de la esfera nuestra,

lo que yo digo de mí, de ella entiende;
hermana fue, y así le fue quitada
de la cabeza la sombra de las sagradas vendas.

Mas luego que al mundo fue devuelta
contra su voluntad y contra buena usanza,
no fue del velo del corazón jamás disuelta.

Esta es la luz de la gran Constanza,
quien del segundo viento de Suevia
engendró el tercero y última potencia.

Así me habló, y luego comenzó Ave
Maria cantando, y cantando desvaneció
como en agua profunda una cosa grave.

Mi vista, que tanto la seguía
cuanto posible fue, después de perderla,
volvióse al signo del mayor deseo,

y a Beatriz entera retornóse;
mas ella relumbró sobre mi rostro tanto
que en un primer momento no lo sufría;

lo cual me hizo a preguntar mas tardo.


Dante Alighieri


Marcela Noemí Silva
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